jueves, 9 de octubre de 2008

La pulpería de Caballito

El actual barrio de Caballito formaba parte del partido Provincial de San José de Flores.Don Antonio Requejo, es considerado el primer poblador de ése lugar, pues había adquirido en el año 1799, un terreno limitado por las actuales calles de Av. Rivadavia, V. Martínez, J.B. Alberdi y Hortiguera, donde levantó una casa para vivienda y hasta casi el año 1830, se lo designaba como barrio del Requejo. En el año 1821, se afincó en la zona un grupo de inmigrantes genoveses, Cánova, Mortachioli, Navone y Villa, que poco tiempo después, cambiaron sus apellidos castillanizandolos como Cáneva, Montarcé, Naón y Vila. Don Nicolás Vila, casado con Doña Juana Agriente y cuñado de Don Fransisco Montarcé, sería el que daría al lugar, el nombre del futuro barrio, pues el 15 de Febrero de 1821, adquirió a Don Juan Antonio Avalos, la manzana comprendida entre las actuales calles de Av. Rivadavia, E. Mitre, J.B. Alberdi y V. Martinez.
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Allí edificó, en la esquina sudoeste de las actuales calles Av. Rivadavia y E. Mitre, una casa con cuatro habitaciones, una de ellas formando esquina con puertas a ambas calles, en la que instaló una pulpería. Compró luego un tal Galeano una vieja ballenera que había encallado frente al paseo de la Alameda y la transportó en carreta hasta la pulpería. Una vez desarmada utilizó un tabletón para cercar el predio. El mastil, después de colocarle en la pirilla del mismo una veleta de latón con la figura de una caballito de patas retaconas, que habia comprado en la herrería de Monteagudo de la calle Venezuela (entre las calles Perú y Bolivar) lo plantó en el palenque exterior, frente a una de las puertas.
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A partir de entonces, los parroquianos que concurrían al negocio (por sus famosos ravioles)comenza-ron a utilizar la veleta como referencia geográfica..."Antes del caballito...después del caballito...frente al caballito..." De manera que se institucionalizó el nombre para todo el vecindario. Después del asesinato de Don Nicolás Vila a manos de los soldados de Lavalle en el año 1829, pese a los esfuerzos de su hijo Isidoro, el negocio decayó, y el 17 de Marzo de 182, lapropiedad fue rematada. Don Luis Naón compró la famosa esquina, retiró la veleta y la colocó en la nueva pulpería que había abierto en la esquina noroeste de Av. Rivadavia y Cucha Cucha. La esquina del caballito pasó a ser la de Don Luis Naón, quién falleció en 1844. La propiedad pasó en poder de Don Carlos Naón, figura destacada en el partido de San José de Flores, donde se desempeñó como Juez de Paz. En aquel entonces, tanto la calle Cucha Cucha como la estación del ferrocarril, tuvio como nombre "el caballito".
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Producido el fallecimiento de Don Carlos Naón, la quinta del caballito fue loteada y adquirida por un norteamericano de Salem, Massachusetts, Don Enrique Jaime Ropes. Haciendo esquina a las actuales calles Av. Rivadavia y E. Mitre al sudeste, existía otra vieja pulpería de Don Manuel Donado y Celestino Montarcé, quien al ser dmolido el edificio del Caballito, rescató la antigua veleta y la colocó en su negocio, siendo así la última etapa de la veleta del caballito. En los primero años del 1900, se podía contemplar en ése lugar, la famosa veleta. En 1925, por gestiones de Don Enrique Udaondo y gentileza de la familia Donato, pasó al Museo Histórico Nacional de la ciudad de Luján, donde se encuentra actualmente. Hoy, en el extremo oeste de la plazoleta de Primera Junta, se encuentra una réplica de bronce de la famosa veleta del caballito en el mástil inaugurado el 10 de Noviembre de 1969, donado por el Club de Leones del barrio, obra del escultor Don Luis Perlotti.
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Fuente: José Fedele, publicado en www.barriodeflores.com.ar

miércoles, 8 de octubre de 2008

Una esquina con historia

La Esquina de Argúas es una antigua pulpería de mediados del siglo XIX y está a unos diecisiete kilómetros de Vidal, en un camino de tierra que en otros tiempos unía Dolores con Sierra de los Padres. Aunque durante muchos años quedó un tanto abandonada a su suerte, en la actualidad sus nuevos propietarios intentan revalorizarla. Situada dentro de los límites de la estancia Tierra Fiel, propiedad de la familia Saubide, aún conserva la reja en el mostrador que separa al pulpero de los clientes, sus blancas paredes de adobe y el piso de tierra. Juan Argúas se llamó el primero de los hombres que atendieron este viejo reducto de gauchos, parroquianos y viajeros, donde además de vender licores y comestibles, funcionaba una oficina postal.
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Carlos Zuchelli es quien ocupa el lugar de pulpero en la actualidad. Hombre de campo y pocas palabras, enseguida ofrece una grapa para entrar en confianza. Cuenta que la pulpería cerró sus puertas varias veces a través del tiempo. Para evitar su cierre definitivo, la municipalidad de Mar Chiquita la declaró Patrimonio Histórico en 1990. Zuchelli señala un punto en la vieja pared de adobe donde, según dice, había un cuadro que retrataba el cotidiano del lugar. Era una copia de un original de 1839, que fue robado junto a otros objetos de valor histórico, durante uno de los tantos períodos en que el establecimiento permaneció cerrado.
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Hoy, además de los turistas que la visitan, acuden parroquianos a beberse unas copas, comerse una picada y jugar partidas de truco. Además, es el lugar ideal para un día de cuadreras. Dicen que por aquí anduvo Dardo Rocha, el fundador de la ciudad de La Plata, y también José Hernández, el autor del Martín Fierro.
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Créase o no, la Esquina de Argúas es un pedazo vivo de la vieja historia bonaerense. Y queda ahí nomás, al trotecito por Coronel Vidal.
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Fuente: Página 12, 13/04/2008
Imagen: Silvia Vazquez

viernes, 5 de septiembre de 2008

El Boliche de Aspiroz de General Lavalle

Supo ser muy bien mentado
aquel boliche rural,
donde en forma natural
se daba el trato apropiado.
Sencillo y considerado
el patrón con el gauchaje,
que a veces llegaba en viaje
con arreos para venta,
por la huella polvorienta
que acercaba a ese paraje.
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Siglos atrás asentaron
cerca de allí paradero
los indios que con esmero
su impronta veraz dejaron.
Sus manos rudas forjaron
muy diversos utensilios,
platos, jarras y cuchillos
también urnas funeraria
sen obras rudimentarias
hechas por seres sencillos.
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Feria y remate de hacienda
una vez al mes se hacía
y cuando esto acontecía
la reunión era estupenda.
Al entrar a la vivienda
había una gran cocina,
en donde alguna gallina
iba a parar al puchero,
también el guiso carrero
completaba la rutina.
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Lindaba con La Esperanza
y El Palenque: dos Estancias
parejas en abundancia
sen las horas de labranza.
Destacaba la templanza
singular de la peonada
que en nochecita cerrada
al boliche se acercaba,
y al truco, bochas o taba
despedían la jornada.
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Hoy sus puertas se han cerrado
se ha convertido en tapera,
el candado en la tranquera
habla de un tiempo acabado.
El pastizal arraigado
crece a la buena del viento
y es testigo de un lamento
que recorre el monte e' tala
donde un reflejo e' luz mala
surge y se pierde al momento
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Fuente: ©Norma Ester Montenegro

miércoles, 27 de agosto de 2008

Pulpería Cultural La Fedral

Hace algunos años, en noviembre de 2001, Pedro Francisco Fernández era el conductor de “Bajo la Cruz del Sur”, programa radial que difundía la música bonaerense. Desde allí surge la idea de hacer una publicación, con la intención de “abrir conciencia nacional”, latiguillo que usa hasta hoy. Así, el proyecto de publicación se transformó en “El Resero”, revista mensual que en su nombre hace honor a quienes llevaban las tropas de ganado de un lugar a otro. Además, un tío abuelo de Fernández tenía ese oficio.
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“En ese tiempo, los arrieros que andaban por esta zona paraban en una pulpería que se llamaba ‘La Azulada’, que estaba enfrente de donde hoy está McDonalds; viste vos las paradojas del progreso”, comentó Pedro.Esta revista fue premiada en el año 2004, por el Consejo de Ciencias Económicas de La Plata. Su creador manifiesta el orgullo que siente no por el premio, sino porque la revista se lee e interesa.Con la caída de la convertibilidad en 2001, la revista dejó de salir. Cuando se editó nuevamente, salió con el color celeste, “Para poder pintar la bandera”, dijo Pedro.Fernández es un verdadero conocedor de la causa del gaucho y la historia argentina. La charla devino en cuestiones históricas, y un poco también sirvió para contextualizar el porqué de su pasión.“Yo me considero un nacionalista popular, defiendo a los aborígenes, al arquetipo del gaucho al cual tenemos que mirar y aceptar con su vestimenta, con lo que ésta implica que es todo un modo de vida y una ideología.“Por eso hago todo lo que hago, el resero, la pulpería y las charlas en escuelas”, agregó.

Cruce de los Andes
“Además, realicé el cruce de los Andes en mula en el 2001 y después lo hice en una marcha a caballo, siempre llevando el mismo mensaje de nacionalidad y soberanía. Desde esa época, doy charlas en las escuelas. Los otros días estuve en el colegio Armonía, es raro ver a un gaucho en una escuela privada porque, por lo general, están pensando en otra cosa. Pero, lo que yo más les marco a los chicos, en cualquier caso, no sólo en esta escuela, es que no se rían del gaucho y que estén orgullosos de él, porque desde ahí devenimos y ellos fueron los que lucharon por esta tierra”, manifestó Pedro.

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Idea familiar
Pedro fue desarrollando la idea de la pulpería con toda su familia por 2 años. Así, el 20 de noviembre de 2004 inauguró la Pulpería Cultural La Federal. Esta fecha de apertura no es casual ya que ese día se conmemora la batalla de La Vuelta de Obligado y es, también, el día de la Soberanía Nacional.“Cuando se abre la pulpería, sacamos la bandera, la ponemos en el frente del lugar y no se la entra hasta el cierre”, comentó Pedro, mientras sacaba un enorme candado y abría la puerta de rejas de La Federal.
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Entrar a la pulpería es encontrarse en un pequeño museo. Además de sus características edilicias que respetan a rajatabla los materiales y el estilo de la época, con pisos de ladrillo y techo de paja, el visitante tiene la opción de tomar un trago. Entre lo que se puede ver, encontramos un muro con las fotos de todos los caudillos argentinos, innumerable cantidad de objetos que cuelgan de la pared, herramientas de trabajo, armas como facones y sables, una réplica del carruaje de Juan Manuel de Rosas, libros, faroles y muchas otras cosas.“Esta es una trinchera contra la globalización, contra lo de afuera. Acá vienen los chicos de las escuelas, porque se muestra a los niños qué fue y para qué sirvió la pulpería, porque no era simplemente un bar”, dijo.
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Las pulperías
“Yo digo que fue un mojón de la civilización. Imaginemos esos caminos solitarios, polvorientos, por donde venían las carretas, la gente de a caballo, los chasquis y la pulpería estaba ahí para asistir a esa gente. “Tenía, desde un lugar para cambiar caballos y tomarse una bebida, hasta sitios para dormir o hacerse de provisiones”, contó Pedro con tono de docente. En la llanura bonaerense llegaron a existir 300 pulperías. Con el avance del tiempo, de los caminos y la civilización, la mayoría desapareció y sólo quedan alrededor de 20. “El salón que está anexado a la pulpería es el museo de la soberanía que se llama Fausto Gabasi. Aquí también conmemoramos la soberanía de Malvinas, pero el hilo es la resistencia al ataque de los imperios, que buscan poder y usurpan”.
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En la pulpería se pueden ver espectáculos artísticos, tanto de nivel nacional, ya que hace sólo unos días estuvo cantando Argentino Luna, como artistas locales. “Generalmente, busco traer gente que también difunda el folclore bonaerense; no tengo nada contra la música de otras provincias pero me gusta mucho la milonga bonaerense. Igualmente por aquí han pasado músicos de toda clase de ritmos. Por ejemplo el 6 de abril toca Bibiana Frutos, una chica de Zárate que canta muy bien y hace folclore, melódico y tango. En tanto, el 24 de mayo -esperando el día de al revolución-, actuará Lucía Ceresani.
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Fuente: El Debate, El diario de Zarate, 17/04/2006

jueves, 7 de agosto de 2008

Almacén Pavón o "Boliche Pavón"

Por ahora les dejo unas fotos, en breve pondremos mas informacion de este "Boliche" de aproximadamente 70 años y queda a pocos kilometros de la rotonda de Mar de Ajó.

















Frente del "Boliche"

















Vista del interior























El Pulpero Fernandez nos abre la puerta de su "Boliche"


domingo, 20 de julio de 2008

Boliche de Estaño

Te vas muriendo de a poco
viejo boliche de estaño
con tus barajas mugrientas
y tu sudor proletario.
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Nunca te faltó un cantor
del que todo pueblo tiene
que al parroquiano entretiene
mientras le canta sus penas.
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Hay una caña que quema
la garganta de algún curda
que cree que así le hace burla
a los dolores que tiene.
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Yo no le canto a tu vida
y no le lloro a tu muerte
sólo que yo comprendo
lo que le espera a tu suerte.
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Te vas muriendo de a poco
viejo boliche de estaño.
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Letra: Hugo Salerno
Música: Marcelo Saraceni

Las Encadenadas, posta y almacén

Posta y almacén de ramos generales con estafeta de Correos y Telégrafos habitada por diferentes familias desde fines del siglo pasado (antes de la fundación de Villa Cañás).
Las Encadenadas nace como una posta con estafeta de Correos, que se conectaba con San Urbano – Melincué -
"Pasaban dos carruajes; uno transportaba gente y el otro, correspondencias, bultos. En Las Encadenadas hacían cambio de caballos.
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Venían de Teodelina, pasaban por la posta La Paloma (ubicada al este de Villa Cañás), llegaban al almacén y se iban a San Urbano. Les llamaban "galera"; la que llevaba gente tenía dos ventanitas en cada costado, y la que llevaba cargas era como un furgón, todo cerrado, se abría sólo la puerta de atrás. "En ese tiempo - años '25, '26, '27...- corría la línea de telégrafo. Este era el medio de comunicación; nos mantenía en contacto con Villa Cañás, Teodelina..."
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"Las Encadenadas era una casa grande, de paredes anchas (de un ladrillo y medio, cada ladrillo tenía cuarenta y cinco centímetros de largo por veinte de ancho), tenía dos dormitorios y un comedor, del largo de esas dos habitaciones y más ancho era el salón del negocio - estos tres ambientes tenían piso de madera -, el sótano era de doce metros de largo por seis de ancho (allí se colocaban las bordolesas de vino, la cerveza, las gaseosas, los quesos, las facturas); la cocina, era amplia, tenía pisos de mosaico y una cocina a leña grande -...
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"Las Encadenadas era un almacén de ramos generales. Mi papá vendía ropa de trabajo para toda la gente de campo: botas; botines; esos zapatones de suela de madera para juntar maíz; el botín Patria; además, había remedios para friccionar, para el catarro, para los chicos; sombreros; pañuelos de gaucho; maletas para juntar maíz; pullovers; camisetas; monturas para sulky, para breque; recados; pecheras...
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En un ladrillo de la pared del edificio del almacén se hallaba inscripto: 1.901; año en el que terminó de construirlo el Sr. Dante Pellegrini (en 1.902 se funda Villa Cañás). Por esos años, estuvo al frente de esta posta-almacén Don Victorio Noca. Se estima que su fundación data de la última década del siglo diecinueve y que la construcción era de adobe, según datos de lugareños (familia Tonso). Estaba ubicado a dieciséis kilómetros al norte de Villa Cañás, en la Colonia Rueda.
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"En el año '80 le empezamos a sugerir a nuestro padre -continúan los hermanos Mian- que cerrara, el negocio no daba. Con el correr de los años la colonia se redujo, la mayoría de las familias se radicaron en el pueblo y las que se quedaron venían seguido por trámites bancarios, y hacían las compras. Era imposible mantenerlo cerrado y en buenas condiciones; pensamos que iba a ser víctima de saqueos y deterioros. Antes de ponerlo en venta, mi padre habló con la gente de la Comuna de Villa Cañás, avizorando la posibilidad de que lo mantuvieran como lugar histórico. La respuesta fue que ellos tampoco podían preservar el lugar. Por lo tanto, lo pusimos en venta."
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Lo compró la Municipalidad de Arenales. En enero de 1981 el almacén de ramos generales Las Encadenadas es demolido.
Sólo quedan en Villa Cañás las rejas de una de las ventanas en poder de la familia de Alberto Mian. Los restos del edificio -ladrillos y escombros- se hallan sepultados en los cimientos de una pileta pública de mencionada localidad de la provincia de Buenos Aires.
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En el sitio geográfico en el que se hallaba esta posta-almacén, que albergó a tanta gente, actividades y vivencias que son parte de nuestra historia de héroes cotidianos, no hay -hasta el momento- ningún monolito de referencia para que las generaciones futuras sepan con certeza de su ubicación espacial.
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Texto: Juan Carlos Mogni, para ver el articulo completo visite: http://villacan.com.ar/pan/Rev3/almacen.htm

domingo, 6 de julio de 2008

Las antiguas casas de comercio en Saladillo

Surgieron en la campaña antes que los pueblos. Sus dueños se jugaban en esta pampa verde y enemiga. Comerciaban con los "camiluchos", indios mansos que trabajaban en las estancias comprándoles cueros, pieles, cerda, huesos y astas. La compra era un simple trueque, y los camiluchos por lo general lo hacían por yerba, azúcar y ginebra.
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Desde Lobos cruzando el Salado, por donde hoy es Roque Pérez estaba el almacén El Alto, más adelante La Paz y antes de cruzar el Saladillo, en el paso viejo. Del Carril, la posta de Nonis, que era propiedad de don Antonio Bozán y más tarde de don Alejandro Ortuzar.
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A cuatro leguas de ese punto estaba el almacén de don José Ramón Sojo, rodeado de una profunda fosa a prueba de saqueos, muy comunes en esa época. En dirección a Tres Bonetes y Polvaredas, don Alejandro Posadas, padre del maestro de la cirugía argentina, tenía un surtido almacén.
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Por el paso San Alejo, Arroyos Las Flores, los hermanos Maximo y Francisco Cabral disponían de un negocio de ramos generales, camino a Las Flores y Monte.
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En el Paso de las Carretas (La Razón) don Juan Doussinague tenia otro almacén y en La Barrancosa, en la propia estancia, era dueño de una pulpería don Tomas Alvarez. Ya en pleno desierto y continuamente jaqueado por los indios tapalqueneros había otra pulpería de un Sr Camelion, Micheo, hoy campo Laborde.
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Este Sr. comerciaba en gran escala con los indios amigos, obteniendo en trueque hermosas mantas, trabajos hechos en cuero, platería y otros objetos que confeccionaban los indios serranos. Con el tiempo el campo donde estuvo ubicado este comercio fue conocido como Camaleón: estos boliches de campo fueron avanzada de la civilización y es justicia recordarlos.
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Texto: Alberto O. Benitez
Publicado en: www.saladillo.gov.ar

Boliches de campo en el Pueblo de O’Brien

El almacén de ramos generales cumplió un rol muy importante en la región, tanto comercial como social. Era conocido por los habitantes como "el boliche", lugar donde se podía adquirir desde alimentos hasta herramientas en general. Por lo basto de las extensiones era el lugar donde se encontraban los vecinos en forma casual o a veces pactada. Estos encuentros dieron origen a reuniones sociales tales como el juego de bochas, truco o taba.
A continuación nombraremos algunos de estos comercios:
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“La Bellaca”
Lo atendía Humberto Rep, y estaba en el cruce de la Ruta a Los Toldos y el camino a Junín
“Almacén de Casaza”
Estaba frente a las vías del FFCC camino a Bragado, detrás del cementerio.
“El Almacén de España”
Ubicado en Villa Elba.
El “Boliche de Clemente Spera”
También en Villa Elba.
“Almacén de Andrés Rossi”
Existió en 1915 también en Villa Elba.
“Boliche de Bellome”
De Urbano Bellome y después de Eduardo Cavanagh.
El “Boliche de Peralta”
De Juan Elías Peralta, data de 1940, despacho de bebidas, fonda, almacén era donde se corrían carreras cuadreras.
“Almacén de Benito Andrés”
Era boliche, despacho de bebidas y surtidor de combustibles. Ubicado frente a los silos de la Cooperativa.
“Almacén de Santos Rossi”
En el Barrio Las Ranas.
“La Pobrecita”
De Agustín Morosini, data de 1940, y estaba en Villa Elba.
“La Argentina” (También conocido como “Parada de los Carreteros”)
Data de 1850, de La Flia. Unchalo y luego de Enrique Villareal.
Un poco mas cerca en el tiempo
El “Boliche de Orona”
De “Perico” Orona, almacén, comestibles, y despacho de bebidas.
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Texto: Anabela Bowen.
Publicado en: www.obrienciudad.com

miércoles, 25 de junio de 2008

Almacenes en la patagonia, Los Tamariscos

Desde el pueblo de Colonia Sarmiento, en el sur de Chubut, la Ruta Provincial 20 va hacia el noroeste de la provincia y luego de recorrer 125 kilómetros llega al caserío Los Tamariscos, donde hay un barcito patagónico perdido en medio de la nada. Allí vive la señora Gertrudis Bohme, quien atiende personalmente su barcito frecuentado por algunos hombres de campo y también por unos pocos turistas que paran a comer.
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El edificio fue históricamente el almacén de ramos generales de Los Tamariscos –que tiene quince casas–, fundado en 1938 por los padres de “Trudy”, unos inmigrantes alemanes llegados a la Patagonia en 1918. El lugar también funcionó como hospedaje y restaurante para los viajeros que venían en auto desde Esquel o Río Senguer hacia Comodoro Rivadavia. El propio padre de Trudy levantó con sus manos las paredes de caña y barro con paja de trigo y techo de chapa.
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En 1967, Trudy heredó el almacén, que conserva su mostrador de madera pinotea donde se despachan todavía las típicas ginebras y productos básicos en general. Y aquí vivió siempre con su familia hasta que se fue quedando sola, cuando sus hijos se comenzaron a ir. A medida que se iban desocupando los siete cuartos, Trudy fue llenando los espacios vacíos con objetos históricos que recolecta en la zona y armó el Museo Regional Los Tamariscos, dentro de su propia casa.
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El singular museo exhibe ahora una colección con centenares de puntas de flecha recogidas en la zona, una victrola que perteneció al cacique Juan Canquel y un sinfín de antigüedades de campo. El bar y museo de Los Tamariscos está dentro de un circuito turístico del sur de Chubut llamado Huellas de Pioneros, cuyo punto central de atracción es el Bosque Petrificado de Colonia Sarmiento.
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Fuente: Julián Varsavsky, publicado en Página 12 27/05/2007
Foto: Santiago Gaudio