miércoles, 8 de abril de 2009

viernes, 6 de marzo de 2009

Pulpería "Las Yeguas"

Sin lugar a dudas se deben a los padres jesuitas y a su tarea evangelizadora las primeras incursiones que se efectuaron en terrenos francamente hostiles a la presencia del hombre blanco y más precisamente en la ancha pampa bonaerense, desierto sólo cubierto por algún espinillo, ya que los primeros árboles, especialmente eucaliptos, se importaron años más tarde, durante el gobierno de Sarmiento. A estos jesuitas debemos el esbozo de las primeras huellas o sendas a lo largo y ancho del país por las que se establecieron las primeras vías de comunicación entre sus escasos habitantes.
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Tuvieron la gran visión de trazarlas siguiendo los terrenos más altos de la zona, no perdiendo de vista la cercanía de las aguadas, tan necesaria para el hombre como para el animal, fundando algunas reservas o reducciones como se les llamaba a las poblaciones compuestas por indios mansos, a los que los eclesiásticos y hombres blancos se ocuparon de evangelizar. A ellos también se les debe el haber realizado el primer estudio topográfico de nuestro territorio al volcar sobre el papel sus experiencias y su conocimiento del territorio.
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De este modo cuando Don Francisco Ramos Mejía se adentra en estas tierras, en los albores de 1811, lo debe de haber hecho por estos caminos trazados años atrás por los primeros “colonizadores” pacíficos de nuestro territorio.
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En este marco comienzan a nacer a lo largo de los caminos los negocios dedicados al comercio de víveres y enseres para el hombre de campo llamadas “Pulperías” o “Esquinas” o “Casas de Campo”, se diferenciaban en que las primeras despachaban sólo bebidas y comestibles y las Casas de Campo además incorporaban venta de enseres y vestimentas para el hombre de campo y en algunos casos comercializaban comprando plumas de ñandú, negocio éste muy en boga por esos años. En nuestra zona fueron numerosas, diseminadas a lo largo y ancho del antiguo partido de Monsalvo, algunas pertenecieron a las mismas estancias, recordemos que ellas fueron los primeros y únicos centros poblados donde funcionaron, también en algunos casos, los antiguos Juzgados de Paz al ejercer el cargo sus dueños.
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Lamentablemente no se poseen antecedentes históricos, por ahora, de la mayoría de estos negocios, salvo el caso de la que nos ocupa y algunas otras, como la de “Santa Isabel”, la única que se conserva en pie.
La pulpería “Las Yeguas”, lindante con el casco de estancia “Los Nogales”, arroyo por medio, pero a la que no pertenecía, nace el 2 de Mayo de 1852, a la vera del camino Chascomús - El Moro, camino que recorría los siguientes lugares; Carrera del Moro por La Fortuna de Peña; Chascomús, Dolores, Kakel, Santa Elena, Puesto de Las Yeguas, Las Armas, Pozo del Fuego-Estancia Senillosa-Pulpería de Olivera, La Fortuna de Peña, casa de Don Nicasio Malacara, Florida, Puesto del Milagro, Primavera, Estancia de Picardo y Martínez de Hoz, o en su defecto el otro camino lo hacía por; Carrera del Moro por La Brava: Chascomús, Dolores, Kakel, Santa Elena, Recreo-Puesto de Las Yeguas, Las Armas, Pozo del Fuego, Loma Verde, Katralauquén, 25 de Mayo del Sr. Gayechea, Estancia El Casco, Arroyo Grande, Reconquista de Graciarena-Pantanosa, Brava de Sáenz Valiente, Abra de Sáenz Valiente, Estancia de Don Francisco Aguilar, Sarandí, Golondrina y establecimiento de la Sociedad Rural.
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Esta pulpería o Puesto, como se la llamaba también, porque permitían el recambio de caballos a las galeras que transportaban viajeros los que mientras tanto podían descansar un rato del ajetreo del camino, perteneció a Don Jaime Salas con una superficie de treinta y cuatro hectáreas, la que era atravesada por el arroyo antes mencionado, que desembocaba en la laguna Nogales muy cercana a este punto.
Constaba esta pulpería de un edificio de material en forma de rectángulo, asentado en barro, cuyos ladrillos eran de un espesor mucho más grande que los actuales, sus paredes eran de 50 cm. y su techo fue de chapa a dos aguas, su interior se dividía al medio por una pared la que poseía un portal de comunicación, arriba del cual se podía leer; “Viva la Santa Federación, mueran los Salvajes Unitarios”, escrita con letra roja, esta inscripción con el correr de los años fue borrada.
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La primer habitación se usaba de pulpería y su mostrador estaba ubicado a dos metros y medio de la otra pared lateral lo que hacía imposible la permanencia por largo rato en el interior del establecimiento, esto se ideaba para evitar discusiones y peleas entre los clientes, dichas paredes estaban adornadas por distintas mayólicas y además con marcas y señales vecinas, realizadas por los parroquianos. Poseía en los postigos de las ventanas como en sus puertas los clásicos orificios que se practicaban en ellas, llamados “bicheras”, que resultaban muy útiles para ver, en las horas de la noche si algún viajero se aproximaba y si venía en son de paz o no.
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En su exterior tenía una enramada que oficiaba de sombra para que los parroquianos, entre copa y copa, descansaran o jugaran a las bochas. Como no podía ser de otra manera la historia de esta pulpería corre pareja con la de la estancia “Nogales”, cuyo casco como ya se dijo se levantó casi enfrente y a la vera del camino real. Aproximadamente a unos dos mil quinientos metros antes y después de esta pulpería existían, como en otros lugares de los caminos que surcaron nuestro partido, marcadores que lo señalizaban y donde se podía leer hacia dónde conducía y cuántos metros faltaban para la llegada a destino.
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Poseía esta pulpería una novedad para la época ya que contaba con un palomar que los sucesivos dueños que administraron este negocio supieron cuidar siendo lo único en pie que queda del lugar.
Por “Las Yeguas”, en 1867, cuando la regenteaba Luis Marazza, supo ser asiduo concurrente Pastor Luna, cochero de los Areco de estancia “La Porfía” aquel gaucho díscolo y prepotente a la vez que bravío en los entreveros que luego de muchas desgracias encontró la muerte cuando una partida lo fusiló a orillas de la laguna “Yamahuida”, contando tan sólo con veintiséis años de edad.
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Mientras tanto los Barrionuevo continuaban con la tarea de dotar a su campo de las mínimas comodidades para la época, de sus propiedades en Dolores importan los primeros carozos de duraznos de la zona comenzando así a formar el futuro monte compuesto por las más variadas especies que aún hoy se pueden apreciar en el casco, al mismo tiempo Sebastián comienza una importante vida pública en el partido, la que lo llevó a ocupar en 1886 el cargo de Presidente de la Corporación Municipal local, años después en 1893, el 6 de Marzo, la Corporación Municipal accede a un pedido suyo y le otorga por espacio de treinta años la concesión en Maipú, de un Mercado Central, ubicado en la esquina de Rivadavia y Lynch, además de prohibir en un espacio de cinco cuadras a la redonda la instalación de carnicerías. Debemos decir aquí que esto nunca se cumplió y que para 1910 ya no existía tal Mercado.
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Volviendo al relato de la historia que nos ocupa, nunca se sabrá a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió en realidad, pero debido a una epidemia mortal, originada entre los parroquianos, que fueron enterrados a la vera del arroyo, y para evitar las continuas reyertas entre los concurrentes, la pulpería fue comprada por Francisco Barrionuevo, quien en el año 1869 la cerró definitivamente anexando las tierras circundantes a su establecimiento.
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De esta manera la vieja pulpería se mantuvo erguida hasta no hace muchos años atrás, sirviendo de depósito de la estancia. Hoy sólo las ruinas y el monte que la circundan quedan de aquella que un día se levantó a la vera del camino como un oasis a los ojos del agobiado viajero.

Investigación: Juan R. Naddeo
ladobled@hotmail.com

domingo, 30 de noviembre de 2008

domingo, 26 de octubre de 2008

Pulperías y almacenes

Trabajos de Ricardo Raúl Bossié.

Pulpería

Almacén

Almacén La Porteña

domingo, 19 de octubre de 2008

Pulpería y boliches en Roque Pérez

La Pulpería y el Almacén La Paz.
En 1848, en donde más tarde se fundó "La Paz" hubo una pulpería cuyo permiso fue otorgado por Juan Manuel de Rosas a un tal Viruga. El documento decía: "Buenos Aires, abril 8 de 1948: Se concede y otorga permiso al señor N. Viruga para establecerse con una pulpería en Jurisdicción del Fortín Monte; siempre que no sea administrada por ningún salvaje e inmundo unitario" Firmado: Juan Manuel y un sello de lacre rojo con la inscripción: "Viva la Santa Federación".
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En el año 1856, luego de la caída de Rosas, empezó a tomar fuerza la población de nuestros parajes. Ese año Ramón Portos y Manuel Millán fundaron la pulpería "El Toro" que existió al otro lado de la estancia "La Biznaga", que en esa época era sólo el campo con unos ranchos de paja que pertenecían a Guillermo Frías. En 1859, tres años después de firmarse la paz, luego de la batalla de Cepeda, Portos y Manuel González fundaron el boliche "La Paz", en el campo de Andrea Madrid de Berro.
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Este comercio estaba establecido en el lugar donde todavía hoy se conserva. En aquella época era rodeado por unos fosos que llegaban al agua de las napas subterráneas, para defenderse de los malones de los indios; de día ponían unos tablones que servían de puente y de noche eran retirados para quedar a resguardo.
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Fuente: La guía de Roque Pérez
www.laguiaderoqueperez.com.ar

Disposiciones en las Pulperías

Disposiciones referidas a las pulperías dadas
por el Virrey Nicolás Antonio de Arredondo

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1. No permitirá en su casa personas vagas ni malentretenidas que conociere sin oficio lícito destino dará noticia al Alcalde de Barrio.
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2. No abrigará tampoco, ni favorecerá directa e indirectamente a hijos de familia que anden fugitivos de sus Padres, ni a los esclavos huidos de sus Amos, sino entre tanto que dan a sus Padres, Amos o Justicia correspondiente aviso, pena de cincuenta pesos y de pagar su valor al dueño y el esclavo sufrirá cien azotes, y seis meses de cadena.
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3. No consentirá junta de gentes, guitarras, juegos de naipes ni otro alguno aún de los permitidos por Reales Pragmáticas ni mucho menos que haya corrillos a su puerta pena de diez pesos al pulpero, al esclavo de cincuenta azotes y a cualquiera otra persona de veinte días de cárcel.
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4. No dará fiado a los hijos de familia, criados no esclavos, pena de perder lo que fiasen ni admitirá ventas, o empeño de prendas, ni alhajas sin que el legítimo dueño autorice al vendedor con un papel firmado de su mano.
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5. No venderá los comestibles ni demás efectos a precios inmoderados sino a los corrientes, y si se excediere de los señalados cometiendo usuras en las ventas, por la primera vez será multado en diez pesos, por la segunda en veinte y a la tercera se le cerrará la pulpería aplicándosele las penas a que hubiese lugar conforme a derecho, sobre que se estará muy a la mira por el Fiel Executor y el Alcalde de Barrio.
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6. Cerrará la pulpería a las diez de la noche en invierno y a las Once en Verano.
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7. Luego que obtenga este permiso lo presentará al Alcalde de Barrio a fin de que tome razón para él para su gobierno y lo fixará en una tablilla a uno de los lados del mostrador para que puedan leerse estas prevenciones y tenga su debida observancia.
Buenos Aires de mil setecientos noventa.

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Adaptado de Acuerdo del Cabildo del 20 de julio de 1804.
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Fuente: Dirección General de Cultura y Educación
www.abc.gov.ar

miércoles, 15 de octubre de 2008

Almacén “La Victoria”

(“Boliche de Castro”) de Don Eduardo Castro.
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Este viejo almacén de nuestra localidad, llamado así en homenaje a la obtenida por las fuerzas Sanmartinianas en la batalla de Maipú, fue un tradicional lugar de encuentro de parroquianos y un gran abastecedor de mercaderías para la campaña cuando el antiguo trazado de la vieja ruta, Buenos Aires - Mar del Plata era de tierra y pasaba junto a él.
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Ubicado en la hoy planta urbana de Maipú, Provincia de Buenos Aires fue el centro de gran actividad cuando por él pasaban los trabajadores del antiguo Matadero Municipal, ubicado a pocas cuadras y los de la ya desaparecida Vialidad Nacional instalada en sus inmediaciones.
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En su parte interior conserva aún hoy la misma fisonomía de cualquier almacén tradicional, solo un detalle sobresale, su dueño sostenía que el mostrador debía ser lo suficientemente ancho como para poder esquivar cualquier intento de arrebato de algún parroquiano armada con cuchillo.
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Este mismo supo ganarse la confianza de toda la población y es así que en sus momentos de esplendor este viejo almacén supo atender cerca de trescientas “libretas” (se denominaban así a las cuentas corrientes, las que eran llevadas en una libreta que el almacenero entregaba al cliente para su control), además tenía servicio de reparto a domicilio el que se hacía mediante una “jardinera” (carruaje tirado por un caballo y de un solo eje, parecido al tradicional sulky, pero más tosco).
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También en sus épocas de mayor auge se realizaron allí populares carreras cuadreras y de sortija matizadas con el tradicional juego de bochas para el cual poseía una cancha, cuando anochecía era la hora del popular truco el que se extendía muchas veces hasta altas horas de la madrugada.
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Con el correr de los años y el advenimiento del progreso este viejo boliche fue perdiendo actualidad hasta que fue tomado por un grupo de amigos que allí formaron una peña donde se reunían a cenar, componer canciones y cantar, uno de sus componentes fue el Sr. Juan Carlos Callejas, un gran poeta Maipuense, ya desaparecido que nos dejó varios trabajos de poesía urbana, una de las cuales se titula “A un Viejo Boliche de mi pueblo”.
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Hoy carente de actividad, el progreso lo ha sobrepasado, pero se resiste y aún continúa dando batalla queriendo conservar entre sus paredes aquellos gloriosos años de esplendor para entregarlo a las nuevas generaciones de Maipuenses, para que estos puedan tener testimonio de su historia y sus raíces.
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Fuente: Juan R Naddeo – Maipú (Bs.As) Octubre de 2008-10-15
ladobled@gmail.com

lunes, 13 de octubre de 2008

A un Boliche de mi pueblo

Viejo boliche de pueblo
que tanta historia tenés
de gente que frecuentaron
a tus paredes raídas
y un misterio de sus vidas
que no podremos saber.
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Tienen tus grandes fachadas,
ya gastadas por el viento
muestra de tus grandes momentos
que los años te acompañan
quién sabe cuantas hazañas
se comparan a tu suelo.
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Tu mostrador muy gastado
y también tu estantería.
La vereda de ladrillos
con su viejo ventanal
fueron motivos traviesos
que me hicieron inspirar.
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Te dejo viejo boliche
yo siempre quise evocar
vieja esquina de la vida
que muy cerca pasa el tren.
Llorarán muchas guitarras
el día que ya no estés.
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Fuente: Juan Carlos Callejas - Maipú - 1968

domingo, 12 de octubre de 2008