martes, 8 de septiembre de 2009

Libros y publicaciones

Las Pulperías
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Desde hace unos años, en el reiterado proceso de idealización del pasado, surge el nombre de la pulpería como un símbolo del "ser nacional", de la "Argentina profunda"; una reliquia y un emblema que había jalonado la pampa según pregona la demanda publicitaria de un museo de motivos tradicionales.
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¿Qué fue en realidad? ¿Qué papel desempeñó en la sociedad arcaica rioplatense en los tres siglos posteriores a los primeros asentamientos humanos?. Trataremos seguidamente de responder a ambos interrogantes basándonos en hechos concretos y en el análisis lógico de estos.
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Autor: Ricardo Rodríguez Molas, publicado en 1982 por Centro Editor de América Latina, Nº 42 de la colección La vida de nuestro pueblo. 20 Pag.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Libros y publicaciones

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Mostradores, Clientes y fiado
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Contratapa:
La presente obra es una recopilación documental vinculada con la historia del comercio minorista en la ciudad de Buenos Aires y la campaña a lo largo del siglo XIX. La misma reúne una variedad de sucesiones, inventarios, tasaciones, expedientes judiciales, relatos de viajeros y fuentes iconográficas que nos permiten ilustrar -y recorrer imaginariamente- el universo cotidiano del comercio minorista: sus mostradores, sus trastiendas, sus clientes, las mecaderías en venta, entre otros aspectos.
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Creemos importante señalar el valor heurístico, metodológico y testimonial que brindan estas fuentes para el investigador, además del interés que puede despertar para el público general.
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Autor: Carlos A. Mayo, publicado en 2007 por Ediciones Suárez / Universidad Nacional de Mar del Plata, 140 Pag.

Bar de Delio Beltrame

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Felicitaciones a la gente de "Campo en Acción" por documentar en video estas historias de boliches y compartir este material con nosotros.
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Libros y publicaciones

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Historia de las Pulperías

Contratapa:
La Historia de las Pulperías muestra con claridad cómo eran aquellos "boliches" según las épocas y el hecho geográfico; las leyes que reglaron la actividad de los pulperos, los impuestos que debieron abonar.
Páginas que explican cuán poco ha cambiado el alma de los hombres y algunas estructuras sociales que aun perviven; todo trasmitido por la prosa ágil y penetrante de Jorge A. Bossio que, a través de la leyenda de las rejas, de los mostradores o de las costumbres gauchescas, descubre un panorama desconocido de aquella institución que se enseñoreó en el campo y en la ciudad.
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Autor: Carlos A. Bossio, publicado en el año 1972 por Editorial Plus Ultra, 312 Pag.

jueves, 20 de agosto de 2009

La pulpería de Loma Limpia

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Felicitaciones a la gente de "Campo en Acción" por documentar en video estas historias de boliches y compartir este material con nosotros.
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jueves, 16 de julio de 2009

Almacén de ramos generales


Lugar destacado de los pueblos y ciudades pequeñas, el almacén de ramos generales, sucesor de las viejas pulperías y antecesor de los modernos supermercados, ocupa un lugar preponderante en los recuerdos de mi infancia.
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La misma transcurrió en una chacra, a dos leguas del poblado más cercano, y la visita semanal al almacén constituía para mi todo un acontecimiento.
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Recuerdo a mi padre, atando los caballos que tiraban de la vieja americana en que nos trasladábamos al palenque que marcaba el límite entre la vereda y la calle polvorienta. El edificio lucía sólido y, a un costado, imponían su presencia dos surtidores de combustible, accionados a mano, para el expendio de nafta y querosene.
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Ni bien trasponíamos el umbral, nos recibía un penetrante aroma en el que se conjugaban el que emitían las especias, el café en grano, el cuero de los aperos, los quesos apilados en el mostrador y los chacinados, colocados en una fiambrera, con el olor rancio proveniente del despacho de bebidas contiguo donde predominaba el del tabaco negro que consumían los parroquianos en cigarrillos liados a mano o desgastadas pipas.
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Con una parte del piso de ladrillos y otra de madera, aquello era un mini mercado persa.
En el salón principal, el de piso de ladrillos, atravesado por un mostrador bastante mugroso, se hallaba el almacén propiamente dicho.
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Sobre la pared del fondo, en una estantería de madera alguna vez lustrada, se podía encontrar desde la mecha para un farol hasta los cordones para zapatos, pasando por el hilo para coser ropa como el de atar chorizos o el sisal, de usos múltiples, jabones de tocador o de lavar ropa, limpiadores, cuchillos, bombillas, mates y una cantidad interminable de artículos de uso diario.
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En la parte inferior, en cajones con tapas deslizantes, el azúcar en terrones y fideos varios, que se expendían en paquetes armados con papel de estrasa.- La yerba, en cambio, se vendía en bolsas de arpillera de 5 kg..
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En el extremo izquierdo del mostrador, reinaba la balanza de platos y en el derecho, la pila de quesos, protegidos por una especie de campana de vidrio, y la fiambrera.
La pared anterior la ocupaban los aperos y herramientas: pecheras, yuguillos, cinchas, pretales, serruchos, martillos, grandes tronzadores, morsas, leznas y todo lo necesario para las tareas rurales.
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En el lateral derecho, la tienda donde, sobre un mostrador mucho mas decoroso y pequeño que el otro, se apilaban bombachas, camperas, camisas, cinturones, boinas comunes y con borla roja, propia de los domadores, fajas negras y multicolores y las célebres alpargatas de yute marca “Rueda” y “Luna”, cuyo fabricante patrocinó la edición de los almanaques ilustrados maravillosamente por Molina Campos.
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Había también espacio para las barricas de vino y las que contenían las tripas conservadas en sal que se utilizaban en las carneadas.
Por el lado izquierdo, y a través de una arcada, se pasaba al despacho de bebidas, servidas sobre un mostrador con cubierta de estaño y en vasos de vidrio grueso, enjuagados de apuro en un fuentón de chapa zincada puesto sobre el piso del lado del despachante llenado con el agua que proveía una bomba sapo colocada a un costado.
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En la trastienda funcionaba el “escritorio”, donde se controlaban las libretas, precursoras de las actuales cuentas corrientes, que saldaban los chacareros no más de una o dos veces al año, cuando levantaban sus cosechas.
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A él accedíamos cuando mi padre arreglaba cuentas o, cuando apurado por algún imprevisto, necesitaba efectivo para salir del paso, porque también ese aspecto social cubría la estructura del almacén con los clientes de confianza.
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A un costado del edificio principal, en un gran galpón de chapas, se acumulaban materiales de construcción, postes y varillas para alambrados, rollos de alambre liso y de púas, torniquetes y una variedad sin fin de insumos para la actividad rural y las pilas de bolsas de arpillera utilizadas en las cosechas.
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Todo era atendido por el padre, tres hijos y algún “habilitado”, como se llamaba entonces al personal que percibía una parte de las ganancias del negocio.-
Mucho tiempo ha pasado desde entonces y del pueblo queda muy poco.
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Los pobladores se fueron trasladando a las ciudades, acercadas por la construcción de rutas y la proliferación de modernos medios de transporte y la piqueta se llevó el viejo almacén de ramos generales junto con una parte importante de mi infancia feliz de chico de campo.
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No obstante, cada vez que tengo oportunidad de pasar por el lugar, me detengo un momento para percibir de nuevo, cerrando los ojos, el aroma de las especias y del café en granos y también, por que no, el rancio olor de tabaco negro quemado en cigarrillos liados a mano o en viejas pipas.
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Fuente: Este texto pertenece a Héctor Bielza, padre de una compañera de trabajo, y es interesante compartir este tipo de historias, que en lugar de ser contadas por historiadores, son narradas por sus propios protagonistas. Esta historia es de la localidad de 9 de Julio, lugar de donde es Héctor.
La imagen pertenece a Alberto Pinciroli

viernes, 10 de julio de 2009

Un "viejo boliche" reciclado en restorán

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Mario Abait me envió algunas fotos de un "Boliche" de sus pagos, en las siguientes lineas, Mario nos cuenta como llegar para visitarlo.
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"Es una vieja esquina reciclada en la zona suburbana de Tandil, sobre la Avda. Estrada en el cruce hacia el Cerro el Centinela para un lado, y para el otro nos vamos hacia el Cerro del Mate."
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Reapertura de la pulpería de Cacho

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El 9 de julio, día del cumpleaños de Cacho Dicatarina, reabrió sus puertas la pulpería.
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El amigo Carlos Vonz viajo hasta el lugar y tiene publicadas fotos y una descripción de lo que ocurrió en el lugar, los invito a visitar su pagina web y ver el contenido completo.

martes, 30 de junio de 2009

Fotos de la Pulpería de Cacho

Gracias a una colaboración de Gustavo Depaoli, podemos compartir algunas imágenes de la pulpería de Cacho Dicatarina y como dice Gustavo en el correo que me envió, algunas fotos de "los muchachos".
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Ahora que ya no esta Cacho, esperemos que la pulpería siga funcionando, y como dice Carlos Vonz, seria bueno que las autoridades del municipio de Mercedes lo declaren monumento histórico y patrimonio de la Ciudad.
Bueno, me dejo de palabras y comparto con ustedes las fotografías.
- Fuente: Fotos de Gustavo Depaoli

domingo, 28 de junio de 2009

Muere “Cacho” Dicatarina, el último pulpero

Hoy al abrir el correo veo que llego uno del amigo Carlos Vonz, administrador editor del sitio web Arcon del Recuerdo, http://www.arcondelrecuerdo.com.ar/ comentando esta noticia.
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A causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad. La Pulpería que poseía es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Figura en libros y películas. Su último dueño, un personaje que pierde Mercedes.
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Se supo que en la jornada de ayer, viernes, (26/06/2009) falleció en la ciudad de Mercedes, de donde era uno de sus íconos, el “último pulpero” (como gustaba denominarse) “Cacho” Dicatarina. Fue a causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad.
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Muchos ya se preguntan qué pasará con la antigua edificación ubicada junto al río Luján y que es uno de los motivos turísticos de Mercedes en su oferta de campo.
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La Pulpería de Cacho es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Allí se filmaron varias películas, e incluso una conocida banda de rock local en los 80 llevaría ese nombre de “La Pulpería”. Luego, la imagen de la puerta de acceso al lugar se ha convertido en una de las caras de la ciudad en cuanto a sitios para el turista, al nivel de la gótica Iglesia de San Patricio o el polo gastronómico de Tomás Jofré. También hay algunos libros que incluyen a La Pulpería y su pulpero entre sus páginas.
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“Cacho” Dicatarina supo además participar a caballo y en el formato de agrupación tradicionalista, por distintos desfiles patrios, en la ciudad y representando a la misma en otras. Fue, en el año 1971, partícipe como jugador de fútbol, del equipo que ganó el campeonato de la Liga Mercedina: Club Trocha.
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Para muchos fue un personaje singular y querido, para otros era un mercedino más, pero hay pocos en la ciudad que lo ignoran, seguramente. Últimamente tendría problemas de salud y una desmejora propiciada por las bajas temperaturas habría ocasionado su deceso.
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“Cacho” Dicatarina sabía tener en “La Pulpería” una suerte de museo viviente de la historia local, con recortes de diarios, botellas y fotos de otras épocas, y además juntaba en libros de gran tamaño las firmas de todos los visitantes al lugar, desde hacía muchos años.
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En la vieja construcción de campo –que ostentaba con el mérito de haber tenido a Juan Moreyra entre sus parroquianos– todavía se reunía de cuando en cuando la paisanada para escuchar el duelo entre payadores, y también los hinchas del fútbol pasaban sus tardes previas a los partidos en la cancha de la Liga Mercedina, próxima a La Pulpería y junto al Parque Municipal.
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La muerte de “Cacho” genera ahora dudas de cómo seguirá este emprendimiento, que tenía algo de lugar de encuentro social y algo de ícono turístico. La “última pulpería” se quedó sin el “último pulpero”, y Mercedes perdió a uno de sus personajes tradicionales.

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Fuente: Noticias Mercedinas, http://www.noticiasmercedinas.com/
Foto: Gustavo Depaoli