viernes 10 de julio de 2009

Un "viejo boliche" reciclado en restorán

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Mario Abait me envió algunas fotos de un "Boliche" de sus pagos, en las siguientes lineas, Mario nos cuenta como llegar para visitarlo.
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"Es una vieja esquina reciclada en la zona suburbana de Tandil, sobre la Avda. Estrada en el cruce hacia el Cerro el Centinela para un lado, y para el otro nos vamos hacia el Cerro del Mate."
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Reapertura de la pulpería de Cacho

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El 9 de julio, día del cumpleaños de Cacho Dicatarina, reabrió sus puertas la pulpería.
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El amigo Carlos Vonz viajo hasta el lugar y tiene publicadas fotos y una descripción de lo que ocurrió en el lugar, los invito a visitar su pagina web y ver el contenido completo.

martes 30 de junio de 2009

Fotos de la Pulpería de Cacho

Gracias a una colaboración de Gustavo Depaoli, podemos compartir algunas imágenes de la pulpería de Cacho Dicatarina y como dice Gustavo en el correo que me envió, algunas fotos de "los muchachos".
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Ahora que ya no esta Cacho, esperemos que la pulpería siga funcionando, y como dice Carlos Vonz, seria bueno que las autoridades del municipio de Mercedes lo declaren monumento histórico y patrimonio de la Ciudad.
Bueno, me dejo de palabras y comparto con ustedes las fotografías.
- Fuente: Fotos de Gustavo Depaoli

domingo 28 de junio de 2009

Muere “Cacho” Dicatarina, el último pulpero

Hoy al abrir el correo veo que llego uno del amigo Carlos Vonz, administrador editor del sitio web Arcon del Recuerdo, http://www.arcondelrecuerdo.com.ar/ comentando esta noticia.
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A causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad. La Pulpería que poseía es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Figura en libros y películas. Su último dueño, un personaje que pierde Mercedes.
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Se supo que en la jornada de ayer, viernes, (26/06/2009) falleció en la ciudad de Mercedes, de donde era uno de sus íconos, el “último pulpero” (como gustaba denominarse) “Cacho” Dicatarina. Fue a causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad.
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Muchos ya se preguntan qué pasará con la antigua edificación ubicada junto al río Luján y que es uno de los motivos turísticos de Mercedes en su oferta de campo.
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La Pulpería de Cacho es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Allí se filmaron varias películas, e incluso una conocida banda de rock local en los 80 llevaría ese nombre de “La Pulpería”. Luego, la imagen de la puerta de acceso al lugar se ha convertido en una de las caras de la ciudad en cuanto a sitios para el turista, al nivel de la gótica Iglesia de San Patricio o el polo gastronómico de Tomás Jofré. También hay algunos libros que incluyen a La Pulpería y su pulpero entre sus páginas.
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“Cacho” Dicatarina supo además participar a caballo y en el formato de agrupación tradicionalista, por distintos desfiles patrios, en la ciudad y representando a la misma en otras. Fue, en el año 1971, partícipe como jugador de fútbol, del equipo que ganó el campeonato de la Liga Mercedina: Club Trocha.
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Para muchos fue un personaje singular y querido, para otros era un mercedino más, pero hay pocos en la ciudad que lo ignoran, seguramente. Últimamente tendría problemas de salud y una desmejora propiciada por las bajas temperaturas habría ocasionado su deceso.
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“Cacho” Dicatarina sabía tener en “La Pulpería” una suerte de museo viviente de la historia local, con recortes de diarios, botellas y fotos de otras épocas, y además juntaba en libros de gran tamaño las firmas de todos los visitantes al lugar, desde hacía muchos años.
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En la vieja construcción de campo –que ostentaba con el mérito de haber tenido a Juan Moreyra entre sus parroquianos– todavía se reunía de cuando en cuando la paisanada para escuchar el duelo entre payadores, y también los hinchas del fútbol pasaban sus tardes previas a los partidos en la cancha de la Liga Mercedina, próxima a La Pulpería y junto al Parque Municipal.
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La muerte de “Cacho” genera ahora dudas de cómo seguirá este emprendimiento, que tenía algo de lugar de encuentro social y algo de ícono turístico. La “última pulpería” se quedó sin el “último pulpero”, y Mercedes perdió a uno de sus personajes tradicionales.

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Fuente: Noticias Mercedinas, http://www.noticiasmercedinas.com/
Foto: Gustavo Depaoli

sábado 13 de junio de 2009

Un almacén legendario

Todavía es posible comprar bebidas o lechones en el viejo boliche de ramos generales Lasarte, cerca de Tandil.

A casi 350 kilómetros de Capital Federal y a 30 kilómetros antes de llegar a Tandil, el viejo almacén de ramos generales Lasarte Hermanos, enfrentado a la estación De la Canal, constituye un referente de un pasado, no muy lejano, que bien pudo haber
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inspirado alguna de las obras de Molina Campos.
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El edificio es lineal y simple. Dos puertas de entrada tiene el salón, piso de baldosas en damero y, en invierno, está abrigado por una salamandra criolla, de herrería, que irradia calor a los habitués.
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Una barra de madera lustrosa en forma de L, que parece no tener fin, es atendida por parientes y descendientes de los originales dueños.
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Los Lasarte, y más especialmente el finado don Ramón, son de esa raza de bolicheros de alma, que llegó a este sitio desde otro rincón tandilense, Villa Aguirre.
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"Hacía más amigos que clientes", sostiene Zubillaga, uno de los personajes que viven y dan vida al lugar con sus graciosas historias.
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Este paraje ha sido y es, en nuestros días, un alto en el camino de los tamberos, chacareros y hacendados de los alrededores del arroyo Langueyú. Refugio del paisano, verdadero centro de información regional, el almacén Lasarte congrega veladas de truco y alguno que otro torneo de paleta.
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En uno de los rincones de esta construcción, que perteneció hasta 1900 a la familia Girado, y fue adquirida luego por la firma Macaya, se ha improvisado un sector de peluquería "unisex", enfrentado a una pared con más de cincuenta "tazas" de ruedas de automóviles, brillantes, colgadas prolijamente.
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A unos metros de la cancha de paleta -se dice- fue el lugar en el que la banda de gauchos liderados por el legendario Tata Dios (Jerónimo Solane o Solanet) ultimó a todos los miembros de una familia de vascos franceses, el 1° de enero de 1878, gritando "mueran los extranjeros y los masones".
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La gran fiesta
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Estos gauchos malentretenidos tenían pensado además asesinar a Ramón Santamarina, pero un infiltrado avisó a la policía y fueron rodeados y apresados.
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"Según se cree, este gaucho de buenos modales, educado y con fama de santón, terminó sus días asesinado en una cárcel tandilense", refiere Mirtha Mabel Lasarte.
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"Desde entonces no se festeja ningún 1° de año en el poblado", recuerda, a los noventa y cuatro años, doña Josefina Baranthol, "una vecina de toda la vida", que vive en una estancia cercana al almacén Lasarte.
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A mediados de febrero, todos los años la gente de De La Canal organiza un gran picnic a orillas del arroyo Langueyú. En la última reunión participaron 700 personas, consumieron 30 asados de vaca, 1000 chorizos, 3 bolsas de papas, 30 lechones y dos barriles de 200 litros de vino. Habitualmente, señala Oscar Lasarte, "lo que más se toma es cerveza. Mucha caña quemada y caña de durazno. Algo de Hesperidina.Vino solo y gaseosa con Fernet, en el verano, y mucho helado..."
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Fuente: Alejandro Schang Viton, publicado en La Nacón, 02/07/2005

domingo 31 de mayo de 2009

La esquina de Escudero

Tema interpretado por Héctor del Valle
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jueves 28 de mayo de 2009

Almacén "La Porteña" (Trenque Lauquen)

Ubicado en el partido de Trenque Lauquen, en el empalme de la Ruta Nacional 33 con la ciudad de 3 Lomas, fue construido en 1919 por iniciativa de un nieto político del General Justo José de Urquiza. El viejo almacén de ramos generales fue adquirido por un empleado en 1948. “Pese a las adversidades, nunca pensamos en cerrar, ya que queremos demasiado a este lugar”.

En Trenque Lauquen muchos me habían hablado del almacén La Porteña. Comentarios similares, también, habían llegado a mis oídos al recorrer la ciudad de Tres Lomas, ubicada a tan solo 15 kilómetros del viejo almacén.
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A pesar de ser un día feriado (9 de Julio), el boliche tiene sus puertas abiertas. Antes de ingresar, leo atentamente en un pizarrón, colocado a uno de los costados de la puerta principal de acceso, un aviso que anuncia cuando será la próxima misa en el paraje homónimo.
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Todo me recuerda a un tiempo histórico que nunca viví. Por un instante creo estar viviendo en el siglo pasado. Con un gesto amable, María Emilce Mangas, esposa de Edgardo Vagliente, me invita a recorrer las instalaciones de La Porteña. “Este almacén fue comprado por mi suegro en 1948, y desde esa fecha continúa en manos familiares”, comenta orgullosa María Emilce, quien, además, es catequista y delegada municipal del pequeño paraje de 5 familias.
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En 1919, la familia Madero Urquiza, propietaria de grandes extensiones de campo en la zona, y familiares directos del General Urquiza, mandó a construir un almacén para proveer de mercaderías, bebidas y objetos de campo a la región . El objetivo era crear en torno a la estación ferroviaria La Porteña un pueblo.
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Pero por varias razones, entre las que se encuentran las inundaciones, las crisis económicas y las migraciones a las grandes ciudades, el sueño de la familia Madero nunca pudo concretarse. Hoy La Porteña es un almacén, una escuela, una capilla y una vieja estación de ferrocarril cuyos galpones están en manos de la compañía multinacional Cargill.
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Como en los tiempos pasados, la mayoría de las ventas que realiza María Emilce o su esposo se registran en una vieja libreta de almacén. “El fiado es lo que nos permite competir con los grandes supermercados”, comenta Edgardo, mientras baja cuidadosamente de la escalera con una botella de licor para un cliente. “Actualmente, no es muy rentable el negocio, pero nunca pensamos en cerrar ya que eso nos dolería mucho”, relata María Emilce.
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Recados, sogas, plumeros, palas, rastrillos y faroles cuelgan de los techos, de la misma manera que lo hacen una gran cantidad de chorizos, salamines, y jamones de cerdos. Es que el piso y el techo de ladrillos de La porteña, favorecen la conservación de los embutidos al mantener fresco los ambientes.
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“La década del 60 fue la mejor época para nosotros, ya que había muchos chacareros que vivían por esta zona alquilando pequeñas héctareas, y ellos eran nuestros principales compradores”, explica Edgardo refiriéndose al mejor momento del almacén. Emilce, por su parte, confiesa que el peor año fue 1987. “Ese año además de ser triste por las inundaciones, que nos dejaron aislados, falleció mi suegro, quien antes de morir nos pidió que nunca cerráramos las puertas del almacén”.
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A Emilce, los recuerdos de su suegro le generan emoción y lágrimas. Tal vez sea porque algún día tengan que cerrar las puertas del viejo almacén, en contra del mandato familiar, ya que no tienen descendientes.
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Los sucesivos bocinazos de la locomotora estacionada frente a la estación ferroviaria La Porteña irrumpen en la tranquilidad de la tarde. En pocos minutos más partirá una formación de 35 vagones hacia el puerto de Bahía Blanca. Edgardo relata que todos los días sale una formación con cereal de la empresa Cargill rumbo al puerto, y que gracias a la multinacional hay mayor movimiento de gente en el paraje. “Debido a esto nosotros abrimos todos los días, y en el verano que hay mayor cantidad de gente cerramos cerca de la madrugada”.
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Mientras la formación ferroviaria emprende su viaje rumbo a Bahía Blanca, yo hago lo mismo pero en dirección a La Plata. Atrás dejo un pequeño paraje cargado de sueños y de proyectos familiares. En el camino no puedo dejar de pensar en Emilce y Edgardo, en sus sacrificios y aventuras, pero también en el temor de ambos: que algún día La Porteña cierre definitivamente sus puertas.
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Fuente: Juan José Pfeifauf, publicado en la web de la agencia NOVA
www.agencianova.com

Almacén

Poema Almacén, Héctor Gagliardi
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Almacén

Parado contra la esquina,
en posición de descanso;
en la vidriera hay garbanzos,
arroz y azúcar molida.
Un cartel que le dio vida,
donde la lluvia al caer
hoy sólo deja leer:
"MACEN Y CHO DE BEBIDAS"
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Una cortina a la entrada,
a rayas en vertical;
varios paquetes de sal,
las conservas alineadas,
y en la fiambrera, encerradas,
las moscas, por darle brillo,
planean sobre el membrillo
en escuadrillas formadas...
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Un teléfono al rincón
con el cartel "SEA BREVE"
para la chica que llegue:
-"¿Me deja hablar Don Ramón?"-
se mande la gran función
del amor de los amores...
y coma los orejones
que asoman de algún cajón,...!-

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El sol en su retirada
va arrastrando de "oro bajo"
y deja un dorado tajo
en las mesas estropeadas;
la canilla mal cerrada,
al salpicar el estaño,
parece llorar los años
con lagrimitas plateadas...
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¡Almacén que entra en calor
cuando la noche atropella!
Se estremecen las botellas
cuando al truco, en lo mejor,
llega cruzada una flor...
mientras la chica vecina
entra comprando sal fina...
para espiarlo a su amor...
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Cuando el ultimo se ha ido
y entra el sueño a gambetear,
corre el mozo a colocar
la pestaña de un postigo...
Lo va acunando el latido
de algún reloj de pared
-propaganda de un fernet...-
hasta dejarlo dormido.
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¡Almacén pobre tribuna
de los cinzanos con bitter!
Perdoname que te invite
a una charla con la luna...
¡Yo que tuve la fortuna
de conocerte en el barrio,
hoy te hice este rosario
con carozos de aceitunas!...
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viernes 22 de mayo de 2009

La protegida (Navarro)

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TRES HISTORIAS...UN RESULTADO
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Durante el siglo XIX, los vecinos de Navarro contaban con varios servicos de diligencias que unía a éste con la gran aldea de Buenos Aires y con pueblo y parajes vecinos.
En épocas en que los caminos eran sólo huellas, aquellas diligencias sirvieron al transporte de correspondencia, encomiendas y pasajeros, convirtiéndose en indispensables actores de desarrollo para los incipientes vecindarios afincados en el medio de la inhóspita pampa.
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"LA PROTEGIDA" era una de aquellas compañias de diligencias, que en el siglo XIX trasnportaba sus cargas desde Buenos Aires a Navarro...

...Ya avanzado el siglo XX , a principios de la década del '70, en la ciudad de Navarro cerraba definitivamente el almacén de ramos generales del "Turco Emilio".
Este señero almacén, fundado en 1926 por el inmigrante sirio-libanés Abdul "Emilio" Mustafá, había cumplido un importante ciclo en la historia comercial de la comunidad, pero superado por nuevos pautas económicas cesó en su actividad, alquilando su edificio para sucesivos y diferentes emprendimientos comerciales....

...Coincidente con ese tiempo, un joven de -por entonces- 15 años, comienzó a interesarse por objetos antiguos y artículos de viejos almacenes y pulpería de su pueblo; iniciando así, una colección que perdura hasta estos días.
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Hoy, estas tres historias independientes se conjugan y de la fusión de aquel viejo edificio del almacén del "Turco" Emilio más la copiosa colección lograda en más de 35 años por aquel jóven y el nombre de aquella legendaria diligencia surge a nosotros el "Almacén Museo LA PROTEGIDA" como un símbolo de buena combinación de Turismo, Gastronomía y Cultura regional.
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Fuente: Raúl Lambert, www.laprotegida.com

Trabajos de Alberto Pinciroli


Almacén de Alberto García (Lobos)
Almacén de Alberto García (Lobos)

almacén en Zapiola
Contacto con el artista: albertopinciroli@hotmail.com