domingo, 13 de diciembre de 2009

Recordando el Boliche


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Lamentablemente no sabia que Quique Navas era de esta partida y que interpretaría este tema, por eso les pido disculpas por la calidad del video ya que fue tomado con un celular, pero vale la pena compartir con ustedes este tema dedicado al "Boliche Pavón".
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Recordando el Boliche

Viejo Boliche Pavón
Hoy yo quiero recordarte
Por que sos el estandarte
De la vieja tradición
Te llevo en el corazón
Y nunca podré olvidarte
Volveré para cantarte
En tu modesto salón
Y pondré mi inspiración
En cada verso que cante
-o-
Pueblas Luquez y Pavón
Fueron los antecesores
De aquellos viejos albores
De noches y amanecidas
Hoy vuela mi fantasía
Sólo quiero regresar
Viejo boliche a cantar
Mis coplas y serenatas
Y sentir que se desata
El potro del alma mía
-o-
Cuando caiga la oración
Llegaré hasta ese lugar
Dispuesto para cantar
Milonga y chamarritas
El corazón me palpita
Lo digo con emoción
El canto es la intención
Y mi verso así lo explica
Por que el criollo nesecita
De la vieja tradición
-o-
Viejo boliche de campo
Nunca te echaré al olvido
Por que este criollo ha vivido
En tus noches guitarreras
Hoy saco de mi asidera
Este verso para nombrarte
Nunca podrán olvidarte
Es mi canto el que te halaga
Viejo Boliche Pavón
Del camino a Madariaga
-o-
Y ya me voy despidiendo
Yo seguiré mi camino
Con mi guitarra y mis trinos
Con rumbo hacia el horizonte
Como el zorzal de tu monte
Así te voy a cantar
Cuando pueda regresar
A ese bonito paraje
Viejo Boliche Pavón
Del partido de Lavalle
-o-

Autor: Enrique Melgarejo
Tema registrado el 21/06/2004

lunes, 16 de noviembre de 2009

El Hombre del boliche (cuento)


En la Pampa también encontramos los boliches de campo, de ésos de ladrillo asentado en barro sin revocar. Lo que ustedes ya conocen: mostrador y dos paisanos acodados, con ocho ginebras adentro y dos por entrar y los ojitos como puñaladas en tarro de lata.

Después de la cuarta ginebra, uno de los paisanos ya había hablado todo lo que tenía para hablar. El diálogo había sido más o menos así:
-ta´lindo... ahá...
El que está acodado junto a él, le dice:
-Así es la cosa, sí señor...
Pasan diez minutos más, y el primero comenta:
-Sí, señor... cómo no... Así es la cosa, señor...
A los diez minutos , se escuchó:
-Ta´lindo, ahá...
Pueden estar horas así.

En esta oportunidad estaban los tres, incluido el bolichero, aburrido como petiso en desfile, y en un momento dado, contra las luces de la puerta de entrada, aparece un paisano bien plantado, un metro noventa, unas espaldas tremendas... entró de canto por la puerta. Botas, espuelas, corralera, faja, cuchillo atravesado en la espalda, poncho a la izquierda y sombrero bien calzado con el ala atrás como pa´tomar leche en tarro.

Todo paisano que se precie de educado suele decir, cuando va a entrar a un lugar cubierto:
-Permiso, voy a déntrar- y se saca el sombrero.
Éste no dijo ni permiso, ni vi a d´entrar, ni se sacó el sombrero.
Entró. Los dos borrachos lo miraron, y se miraron como diciendo: acá va a haber lío.

Entraba de pesado el tipo. Llegó al mostrador y, como los dos borrachos lo molestaban, los apartó como a dos libros. Tenía manos que parecían máquinas de escribir el loco. Calza las manos en la cintura, en la pose que tenemos pa´hacer pinta, lo mira fijo al bolichero y le dice:
-Ginebra doble…
Al bolichero se le aflautó la voz del julepe.
-¿Ginebra?
Y a este ni se le movía una pestaña. Insiste:
-Sí, ginebra…
-¿Doble…?
-Llene el vaso… ¡no sea pavo!
¿ustedes saben lo que significa en el campo que a un tipo le digan No sea pavo delante de los demás? Es como pa´sacar el cuchillo y decir:
-Salga pa´juera y repita.
El bolichero se hizo como que no había escuchado dada. Abrazando la botella, le sirvió la ginebra. Llenó el vaso, y el paisano recién llegado se lo tomó de un solo saque.
-Llene de vuelta…
El bolichero se quiso hacer el gracioso:
-¿otra vez ginebra?
-Otra vez ginebra…
¿doble?
-¡Llene el vaso, abombao!

Lo vuelve a llenar, y el tipo se lo vuelve a tomar de un solo saque; aparta el vaso, pega un salto y queda parado arriba del mostrador.
Ya desde abajo era grande para los tipos. Se imaginan… arriba del mostrador era un obelisco de carne.
Lo entraron a mirar y él entro a caminar con toda su figura por arriba del mostrador. Llegó a la pared, y entró a caminar por la pared. A los borrachos se les daban vuelta los ojos. No podían creer que caminara por el techo, como si estubiera colgado de las espuelas.
Y les pasó por arriba a los dos borrachos. Lo vieron pasar; llegó a la otra pared y bajó, pego un salto y salió para afuera como sino hubiera hecho nada.
Y entonces un borracho le dice al otro:
-¿Viste lo que hizo ese hombre…?
Y el otro le contestó:
-…Si… ¡se fue sin pagar!
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Fuente: Luis Landriscina, De todo como en galpón, Editorial Imaginador, 2006, Imagen: Carlos Ferreyra

martes, 27 de octubre de 2009

Almacén Iglesias

Nuevamente compartimos este excelente material que produce Campo en Acción, dándonos la posibilidad de conocer estas pequeñas grandes historias de los boliches.

Almacén Iglesias es, además de un almacén, un punto de referencia en el Departamento Nogoyá. Cruce de caminos, en el lugar se reúnen los parroquianos a beber una copa y a intercambiar las noticias...



domingo, 25 de octubre de 2009

Ramos Generales de Raul Perfecto Insua

Esta es una colaboración de Bernardo Pini, nos envio la foto del almacén de ramos generales de su abuelo y algunos datos para compartir con los lectores del blog.
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Este es el almacen de Ramos Generales que fue propiedad de mi abuelo ya fallecido hace unos años, Raul Perfecto Insua.
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Esta situado en la localidad de De La Garma, Pcia. de Bs. As. Actualmente se vendió y fue comprado por una veterinaria.
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Estuvo funcionando por mas de 40 años y durante casi todos esos años fue el único comercio del pueblo, vendiendo desde jabones, pasando por comidas, harina, venta de bebidas (aunque mi abuelo siempre dijo que de su almacén nunca salio alguien "mamao"), pan hasta repuestos de tractores y materiales e insumos para el campo, vidrios, etc etc etc.
Lastima no tener fotos de este almacén funcionando... espero les guste.
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Saludos

Bernardo

miércoles, 14 de octubre de 2009

Libros y publicaciones


Pulperías

Esquinas y almacenes
de la
Campaña Bonaerense
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Treinta años de investigación apasionada de un tema pueden dar finalmente un fruto admirable. Es el caso de la obra de Carlos Antonio Moncaut "Pulperías, esquinas y almacenes de la campaña bonaerense".
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El libro, en dos volúmenes, suma 848 páginas, cuenta con más de 600 ilustraciones y 400 notas y citas y constituye el aporte más detallado e importante para la historia de este ramo del comercio rioplatense.
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Como explica el autor, el libro "refiere todo lo concerniente a la función social y a la evolución de las pulperías, esquinas y almacenes, desde el más modesto de los boliches olvidados del desierto hasta las más importantes casas de negocio de los pueblos del interior provinciano".
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Sus páginas ofrecen una historia de los más importantes artículos de consumo que las pulperías vendían: la cerveza escocesa, el agua florida de Estados Unidos (de la Florida, precisamente), el legendario vino carlón que llegaba de España. También, las características de los diversos juegos y entretenimientos que animaban la vida social de gauchos y paisanos en estos lugares de encuentro, como la taba, el sapo, las bochas, los juegos de naipes, las corridas de sortija. Finalmente, tampoco se olvida de sus personajes centrales: los propios pulperos, entre los que fueron mayoría gallegos y vascos, y el infaltable payador.
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Este es un fragmento del comentario del libro de Carlos Moncaut realizado por Oche Califa, publicado en el diario La Nación. 23/12/2000


martes, 6 de octubre de 2009

La pulpería de Don Anselmo (cuento)

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Nos ubicamos en el medio del campo, muy cerca de un arroyo, pocos vecinos, pero muy serviciales.-
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Don Anselmo, hombre casado con mujer y 3 hijos, en un momento de su vida, abandona el arado, y decide poner una pulpería.-
Rancho de paredes de adobe, piso de tierra, con ventanas y puertas de madera, que el mismo construyó.- No muy lejos del rancho un ombú, y un horno para cocinar el pan.-
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Acostumbrado a trabajar de sol a sol, no tenía pereza para atender su pulpería, que desde la mañana temprano hasta la entrada del sol, clientes y parroquianos, los atiende con su carácter bonachón.-
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Su mujer Zulema, paisana aguerrida, parda, de estatura mediana, con muy pocos dientes, era la fiel compañera del pulpero Anselmo.
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Sus hijos Rogelio de 3 años, Atilia de 5 años e Isidro de 8.- No conocen la escuela, porque la más cerca estaba a 15 leguas, y era muydifícil el traslado hasta ella, y más por la edad de los mismos.- PeroZulema, su madre, con los pocos conocimientos que había recibido en suvida, les iba enseñando lo que a ella le parecía importante.-
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Una vaca posiblemente perdida, se aquerenció en su rancho, y ellos la bautizaron “la bienvenida”, quien les proporcionaba algo de leche por las mañanas; unas pocas gallinas, con el gallo “Perico”, que con su canto tempranero, anunciaba que había que levantarse.
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Su rancho dividido en cocina, cuarto grande donde dormía la familia,una pequeña división usada como galpón, la pulpería propiamente y laletrina, lejos del rancho.-
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En la cocina, un fogón donde se cocinaba a leña, se calentaba el agua para el mate, y un grupo de ollas con mucho tizne, que eran de uso diario de la familia.-
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Pero lo más importante para Don Anselmo era su pulpería. Un mostrador de madera, muy rústico, con una improvisada estantería de troncos, y la infaltable fiambrera, donde se guardaba por el cuidado de las moscas, queso, algún fiambre, carne cruda, y otros alimentos, que debían estar protegidos.-
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La balanza de cruz, para el despacho de alimentos, yerba, tabaco y azúcar entre los principales requerimientos de los clientes, junto a las bebidas, algo de vestimenta, y alguna medicina.
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Lógicamente que la pulpería tenía como principal fin, el despacho de aguardiente, que sus parroquianos, entre peleas, cuentos y chismes, sabían saborear al mejor estilo gauchesco.-
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Las principales visitas a la pulpería eran sus vecinos, Don Pabloque llegaba en su caballo moro, Don Gregorio, muy callado pero con una experiencia de vida, por sus 80 años, Doña Tomasa solterona, pero con varias experiencias amorosas, ya que fue pareja del “Rengo Pedro”, y de “El retobado Prudencio”, pero no podemos dejar de nombrar a “LaParda”, no se le conocía el nombre, ni la edad, solo se sabía que era de carácter fuerte, araba la tierra, sembraba, hacía leña, y vivía sola.-
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Pero la pulpería tenía sus visitantes habituales, que le daban un toque pintoresco, y algunas veces gracioso, por sus cuentos, y anécdotas.-
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Entre los parroquianos más famosos tenemos “El petiso Romualdo”,que consideraba que su caballo era su mejor amigo; “El baqueano Rodríguez”, fumaba tabaco negro, vestía bombacha bataraza, y en su cintura el puñal, para todo uso; y “El tuerto Ramón”, que nunca quiso decir su apellido.-
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Entre partidas de truco, aguardiente y tabaco, pasaban sus horas en la pulpería de Don Anselmo, que con paciencia y buena disposición escuchaba sus historias.-
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¿Qué historias? Aparecidos, luz mala, lobisones y muchas veces el encuentro con el finadito Pereira.-
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Según el “Petiso Romualdo”, una noche de luna llena, muy cerca del arroyo, vio que se le acercaba un enorme perro lanudo, con malas intenciones.- Me quedé quieto “dijo”, y esperó que lo tuviera cerca. -Cuchillo en mano, poncho preparado para el ataque, estaba decidido a todo.- Cuando le quise atacar pega un grito y me dice” No me mates Romualdo, soy Jacinto, tu viejo compañero de troperías”.- “Hay juna no sabía que Jacinto era lobisón”. “Nos abrazamos, charlamos un rato y sefue moviendo la cola”.-
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“Eso no es nada dijo el baqueano Rodríguez”. “Hace unos meses buscando un novillo perdido de la patrona Doña Dolores, me pasó algo complicado para contar”.-
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“Que perro ni que perro”, “ahí nomás cerca de mis narices, se me acercaba el finadito Rosendo, se acuerdan el que murió por un estornudo”. Como dijeron los demás por un estornudo, “Si dijo Rodríguez, le dio por estornudar en un ropero ajeno”.- “Como les venía contando, se acerca el finadito, me pide un cigarro, me mira a los ojos, y me dice”: “No busques ese novillo, lo carneó el desgraciado que me mató, y los hizo chorizos”. “Que razón tenía el finado Rosendo, hacía unos días andaba vendiendo chorizos frescos por la zona”. “Se despidió el finado, se fue fumando suavemente y se perdió atrás de un tala”.-
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Me parecen que exageran, habló “El tuerto Ramón”, lo que realmente es cierto fue lo que me pasó a mí.-
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Atentos todos los parroquianos e incluso el pulpero Anselmo, se prepararon para escuchar su historia: “Una noche sin luna, venía por el sendero de las lechiguanas, y de repente veo a mi derecha, una luz, que iluminaba mi camino”. “¿Un fogón me pregunté?". “Con mucha curiosidad, me puse a observar dicha luz”. “No era ningún fogón”.“Seguí caminando por el sendero y esa luz me seguía”, “Nos hicimos tan amigos, que cuando la preciso, solo tengo que levantar el dedo, y está junto a mí”.-
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Ya se hacía la noche en la pulpería, y cada paisano, tomó su rumbo, muchas veces con un destino incierto, porque a ellos, no se les conocía su verdadero paradero.-
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Don Anselmo cierra su pulpería, prende el farol, y junto a su mujer Zulema, intentan recrear parte de las anecdotas que hoy se contaron en su comercio.-
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Mañana posiblemente, no faltarán los cuentos de los vecinos, que como Doña Tomasa, a primera hora estará buscando su pan, algunos gramos de azúcar, y su infaltable tabaco.- Doña Tomasa siempre trae algún cuento de sus chanchos, las picardías del loro, y porque no, ilusiones amorosas que guarda en su memoria.-
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Don Pablo y Don Gregorio, no dejan de venir a buscar su tabaquito, y la botellita de aguardiente.-
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Ya finaliza el día, y hay que prepararse para el mañana. La pulpería queda silenciosa, cantan los grillos, y Don Anselmo y Doña Zulema, le dan las buenas noches a sus hijos, y se entregan al dulce sueño reparador, que con el primer canto del gallo, estarán nuevamente enactividad.-
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Fuente: Autor: Héctor Mario Santellan, Publicado en: http://www.larmancialtda.com/

viernes, 25 de septiembre de 2009

Libros y publicaciones

La pulpería mojón civilizador
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Las pulperías llenaron en el país, social, política y económicamente, una función extraordinaria, función a la que todavía no se le ha hecho debida justicia. Malos o buenos, pícaros o no, aquellos pulperos tan criticados no tuvieron una moral ni una psicología mejor o peor que la que hoy tiene cualquier comerciante.
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Pero en cambio poseían un sentido de patria o una intuición de patria que pocos comerciantes de hoy poseen. Aquellos pulperos, con sus modestos negocios ensancharon interminablemente los limites de la pampa.
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A ellos se deben los primeros saladeros, los primeros mataderos, los primeros almacenes y mercados. Llenaron con audacia una hora de coraje.
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Autor: León Buché, publicado en 1989 por Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Bs. As. 27 Pag.

martes, 22 de septiembre de 2009

Almacén de los Francou

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Otra entrega de este material estupendo que genera Campo en Acción, permitiendo que se difundan estas historias, que son parte de la vida de los boliches y no siempre llegamos a conocer.
Nuevamente GRACIAS Campo en Acción.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La pulpería vieja

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Oh, ruinosa pulpería solitaria, a cuya reja
solo viene hoy a embriagarse un añoso domador;
en la sombra del palenque cabecea una pareja
de alazanes su cansancio, su vejez y su dolor.
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El pulpero ya se ha muerto. Una negra ya muy vieja
aún despacha las ginebras tras el sucio mostrador;
junto al pozo un ovejero melancólico se queja
y un buey viejo y ciego aún anda arrastrandose en redor.
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Siempre se halla solitaria la ruinosa pulpería
que escuchó bajo sus sauces, en la gloria de otro día,
a los muertos y famosos payadores... y detrás
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de su puerta vió los duelos legendarios de la daga;
hoy tan solo aquel añoso domador viene y se embriaga
y suspira por los días que ya no han de volver más.
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Fuente: Héctor Pedro Blomberg, Caras y Caretas 22/08/1903. Publicado en: Las pulperías, Centro Editor de America Latina.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Almacén y Despacho de Bebidas de Aristimuño

Hoy compartimos un nuevo video producido por Gente de Campo, a los que agradecemos por todo el material que generan para salvar del olvido a estos "boliches" que fueron y son parte de la vida de la gente de campo.
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martes, 8 de septiembre de 2009

Libros y publicaciones

Las Pulperías
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Desde hace unos años, en el reiterado proceso de idealización del pasado, surge el nombre de la pulpería como un símbolo del "ser nacional", de la "Argentina profunda"; una reliquia y un emblema que había jalonado la pampa según pregona la demanda publicitaria de un museo de motivos tradicionales.
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¿Qué fue en realidad? ¿Qué papel desempeñó en la sociedad arcaica rioplatense en los tres siglos posteriores a los primeros asentamientos humanos?. Trataremos seguidamente de responder a ambos interrogantes basándonos en hechos concretos y en el análisis lógico de estos.
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Autor: Ricardo Rodríguez Molas, publicado en 1982 por Centro Editor de América Latina, Nº 42 de la colección La vida de nuestro pueblo. 20 Pag.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Libros y publicaciones

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Mostradores, Clientes y fiado
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Contratapa:
La presente obra es una recopilación documental vinculada con la historia del comercio minorista en la ciudad de Buenos Aires y la campaña a lo largo del siglo XIX. La misma reúne una variedad de sucesiones, inventarios, tasaciones, expedientes judiciales, relatos de viajeros y fuentes iconográficas que nos permiten ilustrar -y recorrer imaginariamente- el universo cotidiano del comercio minorista: sus mostradores, sus trastiendas, sus clientes, las mecaderías en venta, entre otros aspectos.
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Creemos importante señalar el valor heurístico, metodológico y testimonial que brindan estas fuentes para el investigador, además del interés que puede despertar para el público general.
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Autor: Carlos A. Mayo, publicado en 2007 por Ediciones Suárez / Universidad Nacional de Mar del Plata, 140 Pag.

Bar de Delio Beltrame

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Felicitaciones a la gente de "Campo en Acción" por documentar en video estas historias de boliches y compartir este material con nosotros.
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Libros y publicaciones

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Historia de las Pulperías

Contratapa:
La Historia de las Pulperías muestra con claridad cómo eran aquellos "boliches" según las épocas y el hecho geográfico; las leyes que reglaron la actividad de los pulperos, los impuestos que debieron abonar.
Páginas que explican cuán poco ha cambiado el alma de los hombres y algunas estructuras sociales que aun perviven; todo trasmitido por la prosa ágil y penetrante de Jorge A. Bossio que, a través de la leyenda de las rejas, de los mostradores o de las costumbres gauchescas, descubre un panorama desconocido de aquella institución que se enseñoreó en el campo y en la ciudad.
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Autor: Carlos A. Bossio, publicado en el año 1972 por Editorial Plus Ultra, 312 Pag.

jueves, 20 de agosto de 2009

La pulpería de Loma Limpia

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Felicitaciones a la gente de "Campo en Acción" por documentar en video estas historias de boliches y compartir este material con nosotros.
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jueves, 16 de julio de 2009

Almacén de ramos generales


Lugar destacado de los pueblos y ciudades pequeñas, el almacén de ramos generales, sucesor de las viejas pulperías y antecesor de los modernos supermercados, ocupa un lugar preponderante en los recuerdos de mi infancia.
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La misma transcurrió en una chacra, a dos leguas del poblado más cercano, y la visita semanal al almacén constituía para mi todo un acontecimiento.
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Recuerdo a mi padre, atando los caballos que tiraban de la vieja americana en que nos trasladábamos al palenque que marcaba el límite entre la vereda y la calle polvorienta. El edificio lucía sólido y, a un costado, imponían su presencia dos surtidores de combustible, accionados a mano, para el expendio de nafta y querosene.
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Ni bien trasponíamos el umbral, nos recibía un penetrante aroma en el que se conjugaban el que emitían las especias, el café en grano, el cuero de los aperos, los quesos apilados en el mostrador y los chacinados, colocados en una fiambrera, con el olor rancio proveniente del despacho de bebidas contiguo donde predominaba el del tabaco negro que consumían los parroquianos en cigarrillos liados a mano o desgastadas pipas.
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Con una parte del piso de ladrillos y otra de madera, aquello era un mini mercado persa.
En el salón principal, el de piso de ladrillos, atravesado por un mostrador bastante mugroso, se hallaba el almacén propiamente dicho.
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Sobre la pared del fondo, en una estantería de madera alguna vez lustrada, se podía encontrar desde la mecha para un farol hasta los cordones para zapatos, pasando por el hilo para coser ropa como el de atar chorizos o el sisal, de usos múltiples, jabones de tocador o de lavar ropa, limpiadores, cuchillos, bombillas, mates y una cantidad interminable de artículos de uso diario.
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En la parte inferior, en cajones con tapas deslizantes, el azúcar en terrones y fideos varios, que se expendían en paquetes armados con papel de estrasa.- La yerba, en cambio, se vendía en bolsas de arpillera de 5 kg..
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En el extremo izquierdo del mostrador, reinaba la balanza de platos y en el derecho, la pila de quesos, protegidos por una especie de campana de vidrio, y la fiambrera.
La pared anterior la ocupaban los aperos y herramientas: pecheras, yuguillos, cinchas, pretales, serruchos, martillos, grandes tronzadores, morsas, leznas y todo lo necesario para las tareas rurales.
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En el lateral derecho, la tienda donde, sobre un mostrador mucho mas decoroso y pequeño que el otro, se apilaban bombachas, camperas, camisas, cinturones, boinas comunes y con borla roja, propia de los domadores, fajas negras y multicolores y las célebres alpargatas de yute marca “Rueda” y “Luna”, cuyo fabricante patrocinó la edición de los almanaques ilustrados maravillosamente por Molina Campos.
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Había también espacio para las barricas de vino y las que contenían las tripas conservadas en sal que se utilizaban en las carneadas.
Por el lado izquierdo, y a través de una arcada, se pasaba al despacho de bebidas, servidas sobre un mostrador con cubierta de estaño y en vasos de vidrio grueso, enjuagados de apuro en un fuentón de chapa zincada puesto sobre el piso del lado del despachante llenado con el agua que proveía una bomba sapo colocada a un costado.
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En la trastienda funcionaba el “escritorio”, donde se controlaban las libretas, precursoras de las actuales cuentas corrientes, que saldaban los chacareros no más de una o dos veces al año, cuando levantaban sus cosechas.
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A él accedíamos cuando mi padre arreglaba cuentas o, cuando apurado por algún imprevisto, necesitaba efectivo para salir del paso, porque también ese aspecto social cubría la estructura del almacén con los clientes de confianza.
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A un costado del edificio principal, en un gran galpón de chapas, se acumulaban materiales de construcción, postes y varillas para alambrados, rollos de alambre liso y de púas, torniquetes y una variedad sin fin de insumos para la actividad rural y las pilas de bolsas de arpillera utilizadas en las cosechas.
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Todo era atendido por el padre, tres hijos y algún “habilitado”, como se llamaba entonces al personal que percibía una parte de las ganancias del negocio.-
Mucho tiempo ha pasado desde entonces y del pueblo queda muy poco.
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Los pobladores se fueron trasladando a las ciudades, acercadas por la construcción de rutas y la proliferación de modernos medios de transporte y la piqueta se llevó el viejo almacén de ramos generales junto con una parte importante de mi infancia feliz de chico de campo.
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No obstante, cada vez que tengo oportunidad de pasar por el lugar, me detengo un momento para percibir de nuevo, cerrando los ojos, el aroma de las especias y del café en granos y también, por que no, el rancio olor de tabaco negro quemado en cigarrillos liados a mano o en viejas pipas.
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Fuente: Este texto pertenece a Héctor Bielza, padre de una compañera de trabajo, y es interesante compartir este tipo de historias, que en lugar de ser contadas por historiadores, son narradas por sus propios protagonistas. Esta historia es de la localidad de 9 de Julio, lugar de donde es Héctor.
La imagen pertenece a Alberto Pinciroli

viernes, 10 de julio de 2009

Un "viejo boliche" reciclado en restorán

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Mario Abait me envió algunas fotos de un "Boliche" de sus pagos, en las siguientes lineas, Mario nos cuenta como llegar para visitarlo.
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"Es una vieja esquina reciclada en la zona suburbana de Tandil, sobre la Avda. Estrada en el cruce hacia el Cerro el Centinela para un lado, y para el otro nos vamos hacia el Cerro del Mate."
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Reapertura de la pulpería de Cacho

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El 9 de julio, día del cumpleaños de Cacho Dicatarina, reabrió sus puertas la pulpería.
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El amigo Carlos Vonz viajo hasta el lugar y tiene publicadas fotos y una descripción de lo que ocurrió en el lugar, los invito a visitar su pagina web y ver el contenido completo.

martes, 30 de junio de 2009

Fotos de la Pulpería de Cacho

Gracias a una colaboración de Gustavo Depaoli, podemos compartir algunas imágenes de la pulpería de Cacho Dicatarina y como dice Gustavo en el correo que me envió, algunas fotos de "los muchachos".
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Ahora que ya no esta Cacho, esperemos que la pulpería siga funcionando, y como dice Carlos Vonz, seria bueno que las autoridades del municipio de Mercedes lo declaren monumento histórico y patrimonio de la Ciudad.
Bueno, me dejo de palabras y comparto con ustedes las fotografías.
- Fuente: Fotos de Gustavo Depaoli

domingo, 28 de junio de 2009

Muere “Cacho” Dicatarina, el último pulpero

Hoy al abrir el correo veo que llego uno del amigo Carlos Vonz, administrador editor del sitio web Arcon del Recuerdo, http://www.arcondelrecuerdo.com.ar/ comentando esta noticia.
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A causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad. La Pulpería que poseía es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Figura en libros y películas. Su último dueño, un personaje que pierde Mercedes.
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Se supo que en la jornada de ayer, viernes, (26/06/2009) falleció en la ciudad de Mercedes, de donde era uno de sus íconos, el “último pulpero” (como gustaba denominarse) “Cacho” Dicatarina. Fue a causa de un problema en su salud y a los 70 años de edad.
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Muchos ya se preguntan qué pasará con la antigua edificación ubicada junto al río Luján y que es uno de los motivos turísticos de Mercedes en su oferta de campo.
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La Pulpería de Cacho es considerada como uno de los lugares típicos de la ciudad. Allí se filmaron varias películas, e incluso una conocida banda de rock local en los 80 llevaría ese nombre de “La Pulpería”. Luego, la imagen de la puerta de acceso al lugar se ha convertido en una de las caras de la ciudad en cuanto a sitios para el turista, al nivel de la gótica Iglesia de San Patricio o el polo gastronómico de Tomás Jofré. También hay algunos libros que incluyen a La Pulpería y su pulpero entre sus páginas.
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“Cacho” Dicatarina supo además participar a caballo y en el formato de agrupación tradicionalista, por distintos desfiles patrios, en la ciudad y representando a la misma en otras. Fue, en el año 1971, partícipe como jugador de fútbol, del equipo que ganó el campeonato de la Liga Mercedina: Club Trocha.
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Para muchos fue un personaje singular y querido, para otros era un mercedino más, pero hay pocos en la ciudad que lo ignoran, seguramente. Últimamente tendría problemas de salud y una desmejora propiciada por las bajas temperaturas habría ocasionado su deceso.
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“Cacho” Dicatarina sabía tener en “La Pulpería” una suerte de museo viviente de la historia local, con recortes de diarios, botellas y fotos de otras épocas, y además juntaba en libros de gran tamaño las firmas de todos los visitantes al lugar, desde hacía muchos años.
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En la vieja construcción de campo –que ostentaba con el mérito de haber tenido a Juan Moreyra entre sus parroquianos– todavía se reunía de cuando en cuando la paisanada para escuchar el duelo entre payadores, y también los hinchas del fútbol pasaban sus tardes previas a los partidos en la cancha de la Liga Mercedina, próxima a La Pulpería y junto al Parque Municipal.
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La muerte de “Cacho” genera ahora dudas de cómo seguirá este emprendimiento, que tenía algo de lugar de encuentro social y algo de ícono turístico. La “última pulpería” se quedó sin el “último pulpero”, y Mercedes perdió a uno de sus personajes tradicionales.

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Fuente: Noticias Mercedinas, http://www.noticiasmercedinas.com/
Foto: Gustavo Depaoli

sábado, 13 de junio de 2009

Un almacén legendario

Todavía es posible comprar bebidas o lechones en el viejo boliche de ramos generales Lasarte, cerca de Tandil.

A casi 350 kilómetros de Capital Federal y a 30 kilómetros antes de llegar a Tandil, el viejo almacén de ramos generales Lasarte Hermanos, enfrentado a la estación De la Canal, constituye un referente de un pasado, no muy lejano, que bien pudo haber
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inspirado alguna de las obras de Molina Campos.
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El edificio es lineal y simple. Dos puertas de entrada tiene el salón, piso de baldosas en damero y, en invierno, está abrigado por una salamandra criolla, de herrería, que irradia calor a los habitués.
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Una barra de madera lustrosa en forma de L, que parece no tener fin, es atendida por parientes y descendientes de los originales dueños.
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Los Lasarte, y más especialmente el finado don Ramón, son de esa raza de bolicheros de alma, que llegó a este sitio desde otro rincón tandilense, Villa Aguirre.
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"Hacía más amigos que clientes", sostiene Zubillaga, uno de los personajes que viven y dan vida al lugar con sus graciosas historias.
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Este paraje ha sido y es, en nuestros días, un alto en el camino de los tamberos, chacareros y hacendados de los alrededores del arroyo Langueyú. Refugio del paisano, verdadero centro de información regional, el almacén Lasarte congrega veladas de truco y alguno que otro torneo de paleta.
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En uno de los rincones de esta construcción, que perteneció hasta 1900 a la familia Girado, y fue adquirida luego por la firma Macaya, se ha improvisado un sector de peluquería "unisex", enfrentado a una pared con más de cincuenta "tazas" de ruedas de automóviles, brillantes, colgadas prolijamente.
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A unos metros de la cancha de paleta -se dice- fue el lugar en el que la banda de gauchos liderados por el legendario Tata Dios (Jerónimo Solane o Solanet) ultimó a todos los miembros de una familia de vascos franceses, el 1° de enero de 1878, gritando "mueran los extranjeros y los masones".
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La gran fiesta
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Estos gauchos malentretenidos tenían pensado además asesinar a Ramón Santamarina, pero un infiltrado avisó a la policía y fueron rodeados y apresados.
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"Según se cree, este gaucho de buenos modales, educado y con fama de santón, terminó sus días asesinado en una cárcel tandilense", refiere Mirtha Mabel Lasarte.
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"Desde entonces no se festeja ningún 1° de año en el poblado", recuerda, a los noventa y cuatro años, doña Josefina Baranthol, "una vecina de toda la vida", que vive en una estancia cercana al almacén Lasarte.
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A mediados de febrero, todos los años la gente de De La Canal organiza un gran picnic a orillas del arroyo Langueyú. En la última reunión participaron 700 personas, consumieron 30 asados de vaca, 1000 chorizos, 3 bolsas de papas, 30 lechones y dos barriles de 200 litros de vino. Habitualmente, señala Oscar Lasarte, "lo que más se toma es cerveza. Mucha caña quemada y caña de durazno. Algo de Hesperidina.Vino solo y gaseosa con Fernet, en el verano, y mucho helado..."
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Fuente: Alejandro Schang Viton, publicado en La Nacón, 02/07/2005

jueves, 28 de mayo de 2009

Almacén "La Porteña" (Trenque Lauquen)

Ubicado en el partido de Trenque Lauquen, en el empalme de la Ruta Nacional 33 con la ciudad de 3 Lomas, fue construido en 1919 por iniciativa de un nieto político del General Justo José de Urquiza. El viejo almacén de ramos generales fue adquirido por un empleado en 1948. “Pese a las adversidades, nunca pensamos en cerrar, ya que queremos demasiado a este lugar”.

En Trenque Lauquen muchos me habían hablado del almacén La Porteña. Comentarios similares, también, habían llegado a mis oídos al recorrer la ciudad de Tres Lomas, ubicada a tan solo 15 kilómetros del viejo almacén.
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A pesar de ser un día feriado (9 de Julio), el boliche tiene sus puertas abiertas. Antes de ingresar, leo atentamente en un pizarrón, colocado a uno de los costados de la puerta principal de acceso, un aviso que anuncia cuando será la próxima misa en el paraje homónimo.
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Todo me recuerda a un tiempo histórico que nunca viví. Por un instante creo estar viviendo en el siglo pasado. Con un gesto amable, María Emilce Mangas, esposa de Edgardo Vagliente, me invita a recorrer las instalaciones de La Porteña. “Este almacén fue comprado por mi suegro en 1948, y desde esa fecha continúa en manos familiares”, comenta orgullosa María Emilce, quien, además, es catequista y delegada municipal del pequeño paraje de 5 familias.
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En 1919, la familia Madero Urquiza, propietaria de grandes extensiones de campo en la zona, y familiares directos del General Urquiza, mandó a construir un almacén para proveer de mercaderías, bebidas y objetos de campo a la región . El objetivo era crear en torno a la estación ferroviaria La Porteña un pueblo.
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Pero por varias razones, entre las que se encuentran las inundaciones, las crisis económicas y las migraciones a las grandes ciudades, el sueño de la familia Madero nunca pudo concretarse. Hoy La Porteña es un almacén, una escuela, una capilla y una vieja estación de ferrocarril cuyos galpones están en manos de la compañía multinacional Cargill.
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Como en los tiempos pasados, la mayoría de las ventas que realiza María Emilce o su esposo se registran en una vieja libreta de almacén. “El fiado es lo que nos permite competir con los grandes supermercados”, comenta Edgardo, mientras baja cuidadosamente de la escalera con una botella de licor para un cliente. “Actualmente, no es muy rentable el negocio, pero nunca pensamos en cerrar ya que eso nos dolería mucho”, relata María Emilce.
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Recados, sogas, plumeros, palas, rastrillos y faroles cuelgan de los techos, de la misma manera que lo hacen una gran cantidad de chorizos, salamines, y jamones de cerdos. Es que el piso y el techo de ladrillos de La porteña, favorecen la conservación de los embutidos al mantener fresco los ambientes.
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“La década del 60 fue la mejor época para nosotros, ya que había muchos chacareros que vivían por esta zona alquilando pequeñas héctareas, y ellos eran nuestros principales compradores”, explica Edgardo refiriéndose al mejor momento del almacén. Emilce, por su parte, confiesa que el peor año fue 1987. “Ese año además de ser triste por las inundaciones, que nos dejaron aislados, falleció mi suegro, quien antes de morir nos pidió que nunca cerráramos las puertas del almacén”.
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A Emilce, los recuerdos de su suegro le generan emoción y lágrimas. Tal vez sea porque algún día tengan que cerrar las puertas del viejo almacén, en contra del mandato familiar, ya que no tienen descendientes.
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Los sucesivos bocinazos de la locomotora estacionada frente a la estación ferroviaria La Porteña irrumpen en la tranquilidad de la tarde. En pocos minutos más partirá una formación de 35 vagones hacia el puerto de Bahía Blanca. Edgardo relata que todos los días sale una formación con cereal de la empresa Cargill rumbo al puerto, y que gracias a la multinacional hay mayor movimiento de gente en el paraje. “Debido a esto nosotros abrimos todos los días, y en el verano que hay mayor cantidad de gente cerramos cerca de la madrugada”.
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Mientras la formación ferroviaria emprende su viaje rumbo a Bahía Blanca, yo hago lo mismo pero en dirección a La Plata. Atrás dejo un pequeño paraje cargado de sueños y de proyectos familiares. En el camino no puedo dejar de pensar en Emilce y Edgardo, en sus sacrificios y aventuras, pero también en el temor de ambos: que algún día La Porteña cierre definitivamente sus puertas.
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Fuente: Juan José Pfeifauf, publicado en la web de la agencia NOVA
www.agencianova.com

viernes, 22 de mayo de 2009

La protegida (Navarro)

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TRES HISTORIAS...UN RESULTADO
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Durante el siglo XIX, los vecinos de Navarro contaban con varios servicos de diligencias que unía a éste con la gran aldea de Buenos Aires y con pueblo y parajes vecinos.
En épocas en que los caminos eran sólo huellas, aquellas diligencias sirvieron al transporte de correspondencia, encomiendas y pasajeros, convirtiéndose en indispensables actores de desarrollo para los incipientes vecindarios afincados en el medio de la inhóspita pampa.
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"LA PROTEGIDA" era una de aquellas compañias de diligencias, que en el siglo XIX trasnportaba sus cargas desde Buenos Aires a Navarro...

...Ya avanzado el siglo XX , a principios de la década del '70, en la ciudad de Navarro cerraba definitivamente el almacén de ramos generales del "Turco Emilio".
Este señero almacén, fundado en 1926 por el inmigrante sirio-libanés Abdul "Emilio" Mustafá, había cumplido un importante ciclo en la historia comercial de la comunidad, pero superado por nuevos pautas económicas cesó en su actividad, alquilando su edificio para sucesivos y diferentes emprendimientos comerciales....

...Coincidente con ese tiempo, un joven de -por entonces- 15 años, comienzó a interesarse por objetos antiguos y artículos de viejos almacenes y pulpería de su pueblo; iniciando así, una colección que perdura hasta estos días.
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Hoy, estas tres historias independientes se conjugan y de la fusión de aquel viejo edificio del almacén del "Turco" Emilio más la copiosa colección lograda en más de 35 años por aquel jóven y el nombre de aquella legendaria diligencia surge a nosotros el "Almacén Museo LA PROTEGIDA" como un símbolo de buena combinación de Turismo, Gastronomía y Cultura regional.
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Fuente: Raúl Lambert, www.laprotegida.com

Trabajos de Alberto Pinciroli


Almacén de Alberto García (Lobos)
Almacén de Alberto García (Lobos)

almacén en Zapiola
Contacto con el artista: albertopinciroli@hotmail.com

miércoles, 20 de mayo de 2009

Antiguas pulperías en nuestro recuerdo

A pesar del tiempo transcurrido desde su desaparición todavía perduran los nombres de muchas de ellas.
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Tanto las esquinas como las pulperías fueron frecuentes paradas de diligencias y tropas de carretas.

Sus presencias reales nos han abandonado, pero perduran sus nombres. Mencionemos algunas: el "Tome y traiga" y "La Pava Grande" en el viejo camino de tierra de Magdalena a Chascomús; "Sol de Mayo", saliendo de Buenos Aires por el camino del Norte, muy concurrida por gente de la escolta de Rosas; "La Banderita", cerca del Riachuelo, en el camino al Sur. Y una de las más famosas, "El Caballito", a la que habremos de referirnos ya.

La pulpería de "El Caballito" se hallaba a la vera del camino que de Buenos Aires salía para el Oeste y se la encontraba antes de llegar a Flores. La construyó el genovés Nicolás Vila, en 1821, con los restos de un barco.

Plantó el mástil, y sobre él, colocó una veleta de latón representando el famoso caballito, que actualmente descansa de sus tantos corcovos en una de las salas del Museo Histórico de Luján.

Detengámonos un instante más en esta pulpería. Hacia 1820, una vieja nave ballenera se estrelló contra el fondo toscoso del Río de la Plata, muy cerca de donde hoy se levanta la Casa Rosada.

Con paciencia, Vila se encargó de desmantelar los restos del viejo navío que nadie reclamó. Y en una carreta cargó hierros, palos, bisagras y maderas, y en muchos viajes trasladó hacia el Oeste -hacia el campo y la inmensidad pampeana de la época- esos restos.

De ese modo, en pleno campo, erigió la pulpería, hito entre los suburbios y la pampa. Punto inicial o terminal de la monótona y polvorienta rastrillada que se orientaba hacia Chile y el Alto Perú.

Dicen que era linda y convidadora la pulpería de don Vila. ¡También!, el lujo insólito de maderas cepilladas y barnizadas, raro, incluso en construcciones urbanas debió ejercer atractivo.

Por los pagos de Chascomús, quedan todavía los sones de "La Concordia" -que alcanzamos a conocer- a orillas casi de la laguna, y cerca de allí "El Trompezón" -con su ventana-mostrador enrejada- donde se atendieron heridos en la batalla de los Libres del Sur, en aquel triste noviembre de 1839. Y hacia el paso de "La Postrera", la famosísima "Azotea Grande", que funciona como almacén hasta hace pocos años.

Almacén centenario

En Lobos, donde siempre nos pareció que el tiempo se hubiera detenido, se conserva entre otros un almacén de campaña más que centenario.

El piso de ladrillos gastados y la reja que marca el límite del mostrador, incitan a evocar una época que alcanza a la leyenda cuando alguien recuerda por acá anduvo Juan Moreira, buscando su destino, de paso hacia la muerte.

"El Hipódromo", más conocido por lo de "García" tiene en su haber casi 160 años. El piso de anchas tablas de pinotea, todavía resiste las pisadas de los curiosos; y entre sus paredes, retumban las risotadas y las verseadas del truco y del mus. Sobre el mostrador de estaño hay un casillero para guardar los libros de la contabilidad y un antiguo escritorio-caja, para amontonar los recuerdos.
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Fuente: Carlos Antonio Moncaut, publicado el 26/02/2005, en Rincón Gaucho, diario La Nación.

viernes, 15 de mayo de 2009

Las Pulperías (1868)

Al mediodía, entramos en una gran casa para almorzar. Esta era una pulpería, en la cual también se puede adquirir todo lo que uno necesita: se venden vinos, bizcochos, pan, yerba, azúcar, etc. y, además, vestimentas para hombres y mujeres, baratijas, sombreros, armas, y es bar, casa de comida y venden artículos de cuero para caballos y carruajes.
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El aspecto de esta pulpería me hizo cierta impresión. Todo el salón estaba dividido por una reja de hierro. Es a través de esta barrera que se sirve a los clientes, lo que parece una cárcel. Los clientes, que son gauchos, visten de poncho y chiripá, llevando alrededor de la cintura un cinturón de cuero, llamado tirador, adornado con botones y monedas de plata o de oro.
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...En la pulpería nos sirvieron sardinas al aceite, carne de vaca, asada, bistec a la sartén, queso Gruyere, uvas secas, almendras, vino. Fue un excelente almuerzo y luego mate, mientras los postillones ensillaban los caballos.
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Fuente: Autor, H. Armaignac, publicado en, www.federaciongaucha.com.ar

La Pulpería (1819)

Las pulperías son unas chozas de lo más miserables y sucias, donde puede comprarse un poco de caña, o sea un derivado de la caña de azúcar; cigarros, sal, cebollas tal vez, y pan de la ciudad, pero, más al interior este último artículo no puede conseguirse, de manera que el viajero, si no lleva pan con él, debe alimentarse, como la gente de campo, con carne solamente.
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Estas chozas tienen dos compartimientos, uno que sirve de negocio y el otro de vivienda. Generalmente están construidas sobre un terreno alto y tienen un trozo de género de color colgado de una caña a modo de aviso; también hacen las veces de casa de posta y tienen unas docenas de caballos pastando al fondo, cerca de la casa. Cuando llega un viajero, deja allí su caballo; el pulpero, con un lazo, sale en su caballejo, que siempre está dispuesto tras la vivienda, hasta el pantano donde pasta la tropilla, y enlazando a uno, lo trae, coloca la montura, y sea manso o bravo, allá va el viajero al galope, hasta la próxima posta, cuatro o cinco leguas más lejos...
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...Las pulperías son el punto de reunión de las gentes de campo, que no dan valor alguno al dinero y lo gastan solamente en bebidas y en el juego. Es costumbre entre ellos invitar a todos los que se hallan presentes a que beban con ellos; se hacen servir una jarra llena de caña (porque no les agrada el vino), la cual va pasando de mano en mano. Mientras les queda un penique en el bolsillo repiten esta ceremonia y consideran como una afrenta que cualquiera rehuse la invitación. En cada pulpería hay siempre una guitarra y cualquiera que la toque es invitado a costa de todos los presentes. Estos músicos nunca cantan más que yaravís, canciones peruanas que son las más monótonas y tristes del mundo. La música es lamentosa y la letra versa siempre sobre el amor frustrado y los amantes que lloran sus penas en el desierto: pero nunca tratan de asuntos agradables, animados o aun indiferentes. Después de todo, estas pulperías, miserables como parecen, no son muy inferiores a algunas tabernas de la misma España.
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Fuente: Autor, Emeric Essex Vidal, Publicado en, www.federaciongaucha.com.ar

miércoles, 13 de mayo de 2009

Las pulperías en la ciudad.

“Todos creemos saber que era una pulpería pero definirla en términos precisos no es tarea fácil. Para el Cabildo de Buenos Aires todo estaba muy claro; según él había una nítida distinción del trabajo entre las tiendas y las pulperías.
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Las tiendas se dedicaban a la venta de géneros de Castilla y las pulperías a géneros de abasto. La función específica de la segunda era, pues, la venta de provisiones para el abasto de la población. Así las define muchos años más tarde el Almanaque de Blondel de 1826 casa de abasto en que se vende de todo lo que sea relativo a los comestibles y bebidas por menor.
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La complejidad de las pulperías porteñas se refleja mejor en la caracterización que hizo de ellas el propio gremio de los pulperos de la ciudad. Para éste las pulperías de Buenos Aires tenían algo de taberna, algo de almacén, y aún de tienda: combinaban los tres tipos de negocios.
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Fuente: Mayo, C, J. Mirando y L. Cabrejas, “Anatomía de la pulpería porteña”, en Mayo, C (dir) Pulperos y pulperías de Buenos Aires, 1740-1830. Buenos Aires, Biblos, 2000, p. 14.
www.buenosaires.gov.ar

Las pulperías en la campaña

Según el historiador Carlos Mayo, la imagen tradicional que se tenía hasta hace poco tiempo acerca de las pulperías rurales componía un lugar: “donde los gauchos bebían aguardiente hasta embriagarse, mataban el tiempo jugando al truco y entregaban la vida en duelos a cuchillos, podía ser también y, para sumarle mayor sordidez, un prostíbulo.
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El pulpero típico, aquel que embaucaba a los incautos parroquianos detrás del mostrador era casi indistinguible de su andrajosa clientela. Mal entrazado, sumaria y muy pobremente vestido y, por añadidura, algo sucio y desaliñado; un personaje en suma, que no desentonaba con su sórdido y miserable local”
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Pero esta imagen no coincide con los estudios más recientes sobre las pulperías rurales. Según esos estudios:
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“Algunas de estas pulperías eran algo menos precarias y estaban, sobre todo, mucho mejor surtidas de lo que se creía. La sorprendente variedad de mercancías que vendían al público y la naturaleza de algunos de estos productos hacen pensar en una estructura del consumo de la población rural mucho más rica y compleja de lo que se suponía. […]
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La venta de fideos, pan, galleta, azúcar, velas, especias, azafrán arroz, así como la de papel, vajilla, peines, peinetas, pañuelos, navajas de afeitar, seda, cabezas de arado aún anzuelos revela una demanda más diversificada y exigente, lo cual se corresponde bien con una sociedad pampeana en la que había algo más que grandes estancieros, vacas y pobres gauchos; donde había una verdadera clase media rural, integrada por una miríada de pequeños y medianos criadores y labradores con sus familias […] es decir, una sociedad rural con un mayor poder de compra que el esperado y pautas de consumo que, si algo revelan, era cuán hondo había calado en ella el mercado.
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Algunos de nuestros pulperos, aunque austeros y ahorrativos, distaban de ser esos personajes cuasi harapientos que nos presenta la imagen tradicional. No todos tenían estancia pero cuando podían compraban esclavos y alcanzaron un nivel de vida comparable al de un estanciero acomodado de la campaña”
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Fuente: Mayo, Fernandez, Duart, Van Hauvart, Miranda y Cabrejas, “Pulperos y pulperías rurales”, en Mayo, C (dir) Pulperos y pulperías de Buenos Aires, 1740-1830. Buenos Aires, Biblos, 2000, pp. 109-110.
www.buenosaires.gov.ar

jueves, 7 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

Fotos de la pulpería Adela

Esta es la pulpería Adela, su construcción es del año 1870 y se encuentra a la vera de la ruta 2 en el kilómetro 134, unos 14 kilómetros pasando Chascomús.
Acá les dejo algunas fotos, lamentablemente el día que fui a visitarla estaba cerrada por refacciones. En el próximo viaje veo si puedo sacar algunas fotos del interior.
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viernes, 1 de mayo de 2009

domingo, 12 de abril de 2009

La Vieja Pulpería de Mercedes



El tiempo florecido en narraciones

le fue pintando magia en el ambiente,

robándole los duendes a la noche

y colmando de leyenda sus paredes.

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Una patina gris de tela y niebla

desdibuja botellas y anaqueles.

¡Vaya uno a saber cuantas historias

se quedaron prendidas en sus redes…

¡Que lindo si un hechizo milagroso

nos dejara volver hasta sus fuentes ¡

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La maquina del tiempo nos atrapa

tras el umbral gastado de su ochava

y el viejo mostrador desvencijado

se abre con regocijo as la acodada.

Supo de buenos tiempos cuando nueva.

Era punto obligado en la trenzada

de algún encontronazo pendenciero.

O la picara intención de la truqueada.

¡Seguramente alguna “fija de cuadrera

dejó mas de un apostador a las boquiadas¡

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A poco que escarbemos en su historia

han de surgir payadas y entreveros

tal vez algún bailongo; una muchacha;

y porque nó, algún planazo bien certero.

Que todo es cosas de vivir viviendo,

si es que queremos darle el gusto al cuero.

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Pero no vamos a aflojarle a la nostalgia,

La vieja pulpería, empecinada,

sin darle ni un resuello, aunque le cueste,

aun sigue por los días de estos días

diciéndole ¡presente¡ a este presente.

Es Cacho Di Catarina el que le hilvana

las cuentas al collar, que como puente,

se tiende en brazos en brazos levantando amigos

para que griten con su grito fuerte:

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¡La vieja pulpería sigue viva

Y es parte de la historia de Mercedes¡.

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Gerardo Robert

10 de septiembre de 1995

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Fuente: Arcon del Recuerdo
http://www.arcondelrecuerdo.com.ar/

miércoles, 8 de abril de 2009

viernes, 6 de marzo de 2009

Pulpería "Las Yeguas"

Sin lugar a dudas se deben a los padres jesuitas y a su tarea evangelizadora las primeras incursiones que se efectuaron en terrenos francamente hostiles a la presencia del hombre blanco y más precisamente en la ancha pampa bonaerense, desierto sólo cubierto por algún espinillo, ya que los primeros árboles, especialmente eucaliptos, se importaron años más tarde, durante el gobierno de Sarmiento. A estos jesuitas debemos el esbozo de las primeras huellas o sendas a lo largo y ancho del país por las que se establecieron las primeras vías de comunicación entre sus escasos habitantes.
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Tuvieron la gran visión de trazarlas siguiendo los terrenos más altos de la zona, no perdiendo de vista la cercanía de las aguadas, tan necesaria para el hombre como para el animal, fundando algunas reservas o reducciones como se les llamaba a las poblaciones compuestas por indios mansos, a los que los eclesiásticos y hombres blancos se ocuparon de evangelizar. A ellos también se les debe el haber realizado el primer estudio topográfico de nuestro territorio al volcar sobre el papel sus experiencias y su conocimiento del territorio.
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De este modo cuando Don Francisco Ramos Mejía se adentra en estas tierras, en los albores de 1811, lo debe de haber hecho por estos caminos trazados años atrás por los primeros “colonizadores” pacíficos de nuestro territorio.
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En este marco comienzan a nacer a lo largo de los caminos los negocios dedicados al comercio de víveres y enseres para el hombre de campo llamadas “Pulperías” o “Esquinas” o “Casas de Campo”, se diferenciaban en que las primeras despachaban sólo bebidas y comestibles y las Casas de Campo además incorporaban venta de enseres y vestimentas para el hombre de campo y en algunos casos comercializaban comprando plumas de ñandú, negocio éste muy en boga por esos años. En nuestra zona fueron numerosas, diseminadas a lo largo y ancho del antiguo partido de Monsalvo, algunas pertenecieron a las mismas estancias, recordemos que ellas fueron los primeros y únicos centros poblados donde funcionaron, también en algunos casos, los antiguos Juzgados de Paz al ejercer el cargo sus dueños.
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Lamentablemente no se poseen antecedentes históricos, por ahora, de la mayoría de estos negocios, salvo el caso de la que nos ocupa y algunas otras, como la de “Santa Isabel”, la única que se conserva en pie.
La pulpería “Las Yeguas”, lindante con el casco de estancia “Los Nogales”, arroyo por medio, pero a la que no pertenecía, nace el 2 de Mayo de 1852, a la vera del camino Chascomús - El Moro, camino que recorría los siguientes lugares; Carrera del Moro por La Fortuna de Peña; Chascomús, Dolores, Kakel, Santa Elena, Puesto de Las Yeguas, Las Armas, Pozo del Fuego-Estancia Senillosa-Pulpería de Olivera, La Fortuna de Peña, casa de Don Nicasio Malacara, Florida, Puesto del Milagro, Primavera, Estancia de Picardo y Martínez de Hoz, o en su defecto el otro camino lo hacía por; Carrera del Moro por La Brava: Chascomús, Dolores, Kakel, Santa Elena, Recreo-Puesto de Las Yeguas, Las Armas, Pozo del Fuego, Loma Verde, Katralauquén, 25 de Mayo del Sr. Gayechea, Estancia El Casco, Arroyo Grande, Reconquista de Graciarena-Pantanosa, Brava de Sáenz Valiente, Abra de Sáenz Valiente, Estancia de Don Francisco Aguilar, Sarandí, Golondrina y establecimiento de la Sociedad Rural.
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Esta pulpería o Puesto, como se la llamaba también, porque permitían el recambio de caballos a las galeras que transportaban viajeros los que mientras tanto podían descansar un rato del ajetreo del camino, perteneció a Don Jaime Salas con una superficie de treinta y cuatro hectáreas, la que era atravesada por el arroyo antes mencionado, que desembocaba en la laguna Nogales muy cercana a este punto.
Constaba esta pulpería de un edificio de material en forma de rectángulo, asentado en barro, cuyos ladrillos eran de un espesor mucho más grande que los actuales, sus paredes eran de 50 cm. y su techo fue de chapa a dos aguas, su interior se dividía al medio por una pared la que poseía un portal de comunicación, arriba del cual se podía leer; “Viva la Santa Federación, mueran los Salvajes Unitarios”, escrita con letra roja, esta inscripción con el correr de los años fue borrada.
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La primer habitación se usaba de pulpería y su mostrador estaba ubicado a dos metros y medio de la otra pared lateral lo que hacía imposible la permanencia por largo rato en el interior del establecimiento, esto se ideaba para evitar discusiones y peleas entre los clientes, dichas paredes estaban adornadas por distintas mayólicas y además con marcas y señales vecinas, realizadas por los parroquianos. Poseía en los postigos de las ventanas como en sus puertas los clásicos orificios que se practicaban en ellas, llamados “bicheras”, que resultaban muy útiles para ver, en las horas de la noche si algún viajero se aproximaba y si venía en son de paz o no.
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En su exterior tenía una enramada que oficiaba de sombra para que los parroquianos, entre copa y copa, descansaran o jugaran a las bochas. Como no podía ser de otra manera la historia de esta pulpería corre pareja con la de la estancia “Nogales”, cuyo casco como ya se dijo se levantó casi enfrente y a la vera del camino real. Aproximadamente a unos dos mil quinientos metros antes y después de esta pulpería existían, como en otros lugares de los caminos que surcaron nuestro partido, marcadores que lo señalizaban y donde se podía leer hacia dónde conducía y cuántos metros faltaban para la llegada a destino.
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Poseía esta pulpería una novedad para la época ya que contaba con un palomar que los sucesivos dueños que administraron este negocio supieron cuidar siendo lo único en pie que queda del lugar.
Por “Las Yeguas”, en 1867, cuando la regenteaba Luis Marazza, supo ser asiduo concurrente Pastor Luna, cochero de los Areco de estancia “La Porfía” aquel gaucho díscolo y prepotente a la vez que bravío en los entreveros que luego de muchas desgracias encontró la muerte cuando una partida lo fusiló a orillas de la laguna “Yamahuida”, contando tan sólo con veintiséis años de edad.
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Mientras tanto los Barrionuevo continuaban con la tarea de dotar a su campo de las mínimas comodidades para la época, de sus propiedades en Dolores importan los primeros carozos de duraznos de la zona comenzando así a formar el futuro monte compuesto por las más variadas especies que aún hoy se pueden apreciar en el casco, al mismo tiempo Sebastián comienza una importante vida pública en el partido, la que lo llevó a ocupar en 1886 el cargo de Presidente de la Corporación Municipal local, años después en 1893, el 6 de Marzo, la Corporación Municipal accede a un pedido suyo y le otorga por espacio de treinta años la concesión en Maipú, de un Mercado Central, ubicado en la esquina de Rivadavia y Lynch, además de prohibir en un espacio de cinco cuadras a la redonda la instalación de carnicerías. Debemos decir aquí que esto nunca se cumplió y que para 1910 ya no existía tal Mercado.
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Volviendo al relato de la historia que nos ocupa, nunca se sabrá a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió en realidad, pero debido a una epidemia mortal, originada entre los parroquianos, que fueron enterrados a la vera del arroyo, y para evitar las continuas reyertas entre los concurrentes, la pulpería fue comprada por Francisco Barrionuevo, quien en el año 1869 la cerró definitivamente anexando las tierras circundantes a su establecimiento.
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De esta manera la vieja pulpería se mantuvo erguida hasta no hace muchos años atrás, sirviendo de depósito de la estancia. Hoy sólo las ruinas y el monte que la circundan quedan de aquella que un día se levantó a la vera del camino como un oasis a los ojos del agobiado viajero.

Investigación: Juan R. Naddeo
ladobled@hotmail.com