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Las tiendas se dedicaban a la venta de géneros de Castilla y las pulperías a géneros de abasto. La función específica de la segunda era, pues, la venta de provisiones para el abasto de la población. Así las define muchos años más tarde el Almanaque de Blondel de 1826 casa de abasto en que se vende de todo lo que sea relativo a los comestibles y bebidas por menor.
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La complejidad de las pulperías porteñas se refleja mejor en la caracterización que hizo de ellas el propio gremio de los pulperos de la ciudad. Para éste las pulperías de Buenos Aires tenían algo de taberna, algo de almacén, y aún de tienda: combinaban los tres tipos de negocios.
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Fuente: Mayo, C, J. Mirando y L. Cabrejas, “Anatomía de la pulpería porteña”, en Mayo, C (dir) Pulperos y pulperías de Buenos Aires, 1740-1830. Buenos Aires, Biblos, 2000, p. 14.
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