martes, 24 de junio de 2008

De pulquería a poolpería

Orígenes: algunas definiciones llevan a Santiago de Compostela, a la Colonia Vela, de las novelas de Osvaldo Soriano, o a precisiones del Inca Garcilaso.
Sobre el origen de la palabra pulpería se puede discutir indefinidamente desde profundas trincheras etimológicas y costumbristas. La exageración vale si se comienza por entender lo de pulpa (origen carnoso) o lo de pulque (origen de antiguo trago mexicano que se saca del magŸey o pita), y se cierra el primer capítulo con alguna enciclopedia española que la sentencia como una voz tolteca (para polemizar más: en lengua pampa, pulcú es aguardiente).
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Esto quedaría allí si no existieran los pulpos ni los españoles conquistadores. Es que éstos vinieron de rías y puertos donde los pulpos abundan para estremecimiento de los amantes de picadas marítimas (por las calles de Santiago de Compostela, no es difícil encontrar una pulpería con esa designación, sin gauchos claro, pero con tragos y entremeses).Y toda esta confusión concluiría si fuera contundente lo del Inca Garcilaso de la Vega, que dio cuenta de que en una taberna halló a los pobres vendedores intentando la venta de un pulpo. En esto se apoyó tres décadas atrás el periodista León Bouché, en uno de sus trabajos sobre las pulperías.
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Más cerca en el tiempo, conviene rescatar el final de una charla sobre el tema, desovillada por quien esto escribe con Osvaldo Soriano, el desaparecido escritor, entrañable amigo. Grabábamos en Tandil -para la televisión, quince años atrás- un breve repaso de su vida como periodista y escritor. Corridos hasta la cercana Colonia Vela, población muy aludida en sus novelas, hicimos allí los últimos bloques del programa donde apareció el escenario ideal: "Hacemos el último bloque en una poolpería", fue la determinación que trajo sorpresa y risas. Es que un descubrimiento casual hizo que las cámaras quedaran instaladas en un boliche frente a la estación, donde varios chacareros de bombacha, rastra y alpargatas jugaban al pool.
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Al por mayor
Las eruditas versiones de enciclopédicos como Tito Biraben y Félix Coluccio, entre otros, coinciden en definir las pulperías como una suma de almacén, tienda, taberna y casa de juego de campaña, abastecida de bebidas fuertes y vino Carlón, que se bebía en cilindros de hojalata. Sarmiento le agregaba a la pulpería su condición de club, y el francés Alfredo Ebelot, la distinción que jerarquizaba a las llamadas esquinas.
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Altos y guapos
El marino inglés Emeric Essex Vidal -en 1819- las consideró chozas miserables y sucias, aunque hablaba de la posta, que era una pulpería y a la vez modesta posada. La clientela -supuso- no gustaba del vino, sí de la caña hasta el último penique; y, aseguró, que el gaucho canta penosas canciones. Pero Charles Darwin, que se topó con una pulpería por primera vez en Uruguay, cerca de Las Minas, reparó en la apariencia chocante de los gauchos, "altos y guapos", anotó, llenos de altivez, el pelo largo y en bucles sobre la espalda.
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Cunninghame Graham descubrió que lo más a mano que el pulpero tenía era el facón y una pistola. Pero hizo una buena descripción de la reja de madera a lo largo del mostrador, con una portezuela para alcanzar la bebida. Coincidió con Sarmiento en lo de club, y habló del payador, del convite con Carlón, de las riñas a primera sangre y de una decrépita anécdota del gaucho Carancho (seguro, González, lugarteniente de Rosas en Monte).
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Fuente: Texto Diario La Nación, Foto Pilar Bustelo 28/05/1999

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